¡En directo! Emisión por internet de los actos de la Encamisá. Torrejoncillo Televisión - TTV. Ver más eventos

Dña. Rocío Sánchez Sánchez.

 

 I

Ave María Purísima

Un año más nos encontramos en este salón de actos ante la presencia de María, con el único propósito de pregonar el cariño, admiración y respeto que todos los torrejoncillanos le tenemos. ¡Y cómo no íbamos a tenérselo!, si Ella es la madre que siempre nos ayuda y protege cuando más lo necesitamos.

Y es ante Ella cuando mi corazón se encuentra tranquilo y sereno, rodeada de familia, amigos, compañeros y paisanos, los de aquí, los de casa y los que os encontráis fuera del pueblo y seguís este cato a través de TTV o Internet. A todos, gracias por acompañarme.

Quisiera que mis primeras palabras fueran de perdón a María, pues la noche que me comunicaron que yo sería la pregonera, quizá pensando en mi pequeñez y en la gran responsabilidad que supone estar esta noche aquí, le dije repetidamente que no podía con aquello que me pedían. Sin embargo, más tarde, siendo consciente de lo que decía y sabiendo que a una madre nunca se le puede decir no, por fin pudieron salir de mi boca esas palabras que tantas veces le he escuchado decir a mi madre:

"que sea lo que el Señor quiera".

Y es a partir de ahí cuando se empiezan a gestar estas torpes e imprecisas líneas.

Desde que me llegó la noticia, aquella noche de septiembre, que en estos momentos me parece ya tan lejana, un nudo se instaló dentro de mí. Un nudo que no ha hecho más que crecer, convirtiéndose en un gran monstruo de colores, de esos que deambulan por los  uentos, haciéndome pasar por infinidad de emociones y sentimientos: el miedo y las dudas de septiembre, los nervios de octubre, la calma y la serenidad de noviembre y por fin la alegría y felicidad de este mes de diciembre.

Miedo y dudas de no saber estar a la altura de lo que se me pedía en esos momentos; nervios porque el tiempo pasaba y la noche esperada estaba cada vez más cerca; calma y serenidad porque supe comprender que lo que me dispongo a hacer esta noche es un acto de amor y responsabilidad a mi pueblo, al que no podía decepcionar; y por fin, felicidad: Feliz de que un grupo de personas, miembros de Paladines de la Encamisá, entre los que se encontraban dos buenas amigas, una noche cualquiera de septiembre, pensaran en mí para ser la pregonera. No sé qué los pudo llevar a todos ellos a acordarse de mí, cuando tantas personas válidas y con grandes cosas que contar podrían haberlo hecho mejor, pero el caso es que así fue. Claro que ellos no estaban solos, María siempre los acompaña en cada decisión que toman, y es Ella la que, de alguna manera, se fija en nosotros y busca la ocasión adecuada para ofrecernos y presentarnos momentos importantes de felicidad.

Como buena madre, siempre atenta, aprovecha, busca y nos tiende la mano de su protección. Y a saber, si tal vez, quizás no fue una voz que se fue hace ya más de 11 años y a buen seguro está a su lado, quien también le pudo susurrar mi nombre. ¡Qué orgulloso estaría de ver a su hija esta noche aquí, en este escenario, pregonando La Encamisá y a María, nuestra madre! Pues él siempre tuvo tres grandes amores: su familia, La Virgen y su pueblo. Él, que me supo inculcar como nadie ese gran amor a lo nuestro, a nuestra Encamisá con todo lo que ello lleva consigo. Y si digo que fue él, es porque, aunque mi madre también supo educarme en la fe cristiana, al no ser  torrejoncillana de nacimiento, simplemente, las tradiciones de su pueblo también tenían que estar presentes en casa y cada uno me enseñaba las suyas.

II

A casi todos los que estamos esta noche aquí, en algún momento de la vida nos han preguntado ¿Qué es La Encamisá? Por dónde empezar, ¿verdad? ¡Hay tanto que contar! Si nos lo preguntaran ahora mismo, seguro que cada uno de los que estamos aquí presentes esta noche tendría su propia definición. Porque respuestas hay muchas, tantas como torrejoncillanos somos, tantas como visitantes la han conocido. Todas válidas, todas aceptables, todas buenas, porque no hay dos seres humanos iguales, todos somos diferentes y las vivencias de nuestra Encamisá también lo son. Así, de esta manera, la forma que tenemos de sentir y vivir nuestra Encamisá va a depender de nuestra personalidad, nuestras vivencias en familia, nuestro estado de ánimo y nuestros hábitos adoptados por imitación del prójimo: vecinos, amigos y paisanos. Mi definición de Encamisá se engloba en una sola palabra: AMOR.

Amor a María, ese que compartimos todos los torrejoncillanos y que estos días lo manifestamos quizás con más intensidad; amor a nuestros antepasados: padres y abuelos que supieron transmitirnos la devoción a nuestra madre y el arraigo de nuestra querida fiesta y por último el amor a nuestro pueblo, a sus tradiciones y costumbres que, generación tras generación, se siguen manteniendo, posiblemente por ese cariño que todos le ponemos en cada actividad que se realiza.

Pero sólo amamos de verdad lo que conocemos. Y tratamos, cada año, de escuchar a predicadores y pregoneros hablar un poco más de María y la Encamisá.

De esta forma, si pensamos en María podemos hablar de Ella como esa mujer que es atestiguada por tres de las religiones monoteísta mayoritarias que existen hoy en el mudo: judaísmo, islamismo y cristianismo y que podemos verla desde diferentes perspectivas. Por un lado, desde la sencillez y humildad de una mujer que nació y vivió en un pequeño pueblo de Nazaret, situado en un valle entre altas colinas, bajo el yugo del Imperio romano, alejada completamente de la riqueza, mujer fuerte para poder soportar los designios de la vida.

Mujer discreta, pues siempre está en un segundo plano, dejando el protagonismo a su hijo, pero a la vez valiente. Mujer, que hoy, en el siglo XXI, podríamos considerarla como la primera feminista de nuestra era. Pues una mujer que, viviendo en una cultura de  patriarcado, conocedora de las consecuencias de la maternidad fuera del matrimonio, no se deja amedrentar y antepone el designio de Dios a cualquier ley, lo antepone al repudio de su prometido sabiendo el fin que ello suponía. Ella se hace valiente con la fuerza de Dios. Su Sí valiente es un Sí a la vida, es un Sí a la voluntad de Dios más allá de lo que diga un pueblo y sus leyes.

María nos da la virtud da la fe, al permitir que se cumplan en ella los planes de Dios. Se hace fuerte y le otorga a la mujer su dignidad, nos recuerda que podemos decidir por nosotras mismas, que la mujer no debe someterse ni ser esclava, porque Dios es quien le concede el don de la libertad, porque su decisión sólo depende de ella. María no es mujer sumisa, sino mujer valiente. Y tanto es así, que es ella quien se mantiene al lado de Jesús cuando los demás lo niegan.

Y al seguir observándola vemos, como Ella también es la Reina y Madre que nos ofrece su protección. Como reza la letanía del Santo Rosario, Ella es la Madre Dolorosa que tiene que ver como crucifican a su hijo junto a otros delincuentes.
Es la Madre Purísima nacida sin mancha, que acoge en su seno al hijo de Dios para salvar a la humanidad. Es la Madre Amable, siempre cariñosa y generosa con los demás ayudando al más necesitado, cunando visita a su prima Isabel o cuando intercede ante su hijo en las bodas de Caná. Es Virgen Fiel a los designios de Dios sin ninguna condición, tanto en el gozo como en el dolor. Es Santa Virgen de las Vírgenes como parte importante del plan de salvación, la encarnación de Jesús de forma virginal. Es Espejo de Justicia, pues todas las virtudes se encierran en ella.

Es Trono de la Sabiduría ya que Dios se encarna en la perfección de María. Es Estrella de la mañana pues en ella se da la anunciación de la llegada de Jesús. Es Causa de nuestra alegría, para tener paciencia y confianza en Dios ante las adversidades. Es Reina de la Paz, esa paz, que hoy en día, tanto necesita esta humanidad.

Por eso, a María, que está presente en nuestras vidas, no debemos verla sólo como la Virgen que está encerrada en iglesias, en imágenes bellas, o recogidas en cuadros y libros, que no hablan ni sienten, colmadas de lujos, anillos, mantos o flores. María está más cerca. Ella se encarna cada día en cada uno de nosotros, dándonos la valentía que necesitamos para caminar a lo largo de la vida, para afrontar las vicisitudes que nos depara el hecho de vivir. Se encarna en los padres y madres que luchan para sacar a sus hijos adelante; en los jóvenes que salen de su casa para buscar un futuro mejor; se encarna en los niños que están aprendiendo a vivir; en el enfermo que se siente débil; en el anciano que ve como su vida se marchita, pero que no pierde la esperanza ni la alegría; en la soledad no buscada por la pérdida de un ser querido, que todos en algún momento hemos sufrido o sufriremos.

IV

Y así, cada 7 de diciembre, María se hace más visible que nunca en Torrejoncillo y vuelve a recordarnos, un año más, que confiemos en ella. Se llena de júbilo y alegría y nos la transmite a todos los torrejoncillanos. Esa noche mágica nuestros corazones se abren, ese día no hay miedos ni vergüenzas, esa noche somos todos uno y todos buscamos lo mismo, la comunión con María.

Pero para llegar a este punto sublime necesitamos una preparación. Nuestros corazones, apagados durante el año, necesitan ponerse a punto. Empiezan a prepararse poco a poco desde mucho antes, cuando a mediados de noviembre nos anuncian quién será el portaestandarte, oferente o pregonero, siempre con una única protagonista, María. Luego más tarde, comienzan las novenas y seguimos preparándolos para estar a punto la noche que todos esperamos durante todo el año.

Nuestro pueblo cambia de tal forma que se respira y se siente Encamisá por doquier.

Desde pequeños, los niños ya empiezan a prepararse para vivir intensamente los días que se aproximan. En el colegio comienzan las actividades en torno a nuestra fiesta grande, a la noche más especial del año, con visitas a la sede de Paladines o al trono de la Virgen en la iglesia parroquial. Esos recuerdos permanecerán para siempre en sus memorias, al igual que permanecen en las nuestras por muchos años que pasen.

Yo también recuerdo mis primeras Encamisás. Me veo, siendo muy pequeña, acudir con mi padre al cine Lasi a escuchar los primeros pregones. Por esa época, apenas los podía entender, sólo veía que algunas personalidades del pueblo o venidas de fuera contaban cómo ellos entendían y sentían nuestra fiesta, lo bonita e importante que era, pero eso ya lo sabía yo, eso ya lo sabíamos todos los niños. ¡Cómo no saberlo!, si a aquella altura nuestros pequeños corazones ya habían tirado algún viva; ya habíamos acudido a las novenas; ya habíamos cantado las canciones a María, que desde hace tantos años siguen entonando perfectamente el coro parroquial y que, año tras año, jóvenes y algo más mayores nos hacen temblar con sus cánticos. Ya habíamos escuchado las salvas de las escopetas al repicar de las campanas, seguro que ya habíamos visto a nuestras madres hacer los coquillos o como en mi caso, huesillos que, si bien no es tan habitual, en mi casa nos gustaban más y es hoy en día y seguimos con la misma costumbre. Familia y amigos al paso del estandarte por la calle Coria, se detienen a vitorear a nuestra madre y de paso a degustar esos huesillos hechos por manos que durante años los han ido elaborando con el mismo cariño, ya cada vez con menos fuerzas pues la edad no perdona.

Era domingo por la mañana, aquellos primeros pregones, las sayas preparadas en casa, los pañuelos plegados y las flores en agua con el papel albal (eran otros tiempos). Al salir de allí había que comer deprisa pues el tiempo apremiaba. Por aquel entonces, mi traje aún no era muy torrejoncillano y mi madre sacaba del baúl, con olor a naftalina, el de su pueblo. Sayas bordadas y pañuelo de cien colores, no era lo mismo, lo sé, pero la ilusión sí era la misma que el resto de niñas. A mis 10 años ya sí, ya pude estrenar mi propio traje de torrjoncillana, confeccionado por manos diestras en dichas tareas, manos que han quedado grabadas en mi memoria y que muchos de vosotros también recordaréis. Hoy son otras, pero siguen haciéndolos con el mismo arte y cariño que antaño. ¡Ojalá, no se pierda tan bonito oficio! para que futuras generaciones puedan seguir luciendo semejante traje, del cual nos sentimos tremendamente orgullosos. Por eso, espero que no se deje el empeño de patentar nuestro maravilloso pañuelo, que es muy nuestro y queremos que siga siéndolo, no queremos que se malinterprete su uso en trajes que nada tienen que ver con el original.

Mañana volveremos a vivir, uno año más, un domingo de ofrenda, con ese colorido que siempre los caracteriza. Volveremos a procesionar por nuestras calles y tú, Laura, pondrás voz a las plegarias de todo tu pueblo. Cómo no emocionarme la noche que supe que algo nos uniría esta Encamisá 2022, más allá de las tareas escolares que ocupan nuestros días habitualmente. Porque te conozco bien, sé que sabrás hacerle llegar a María tus ofrendas para que siga protegiendo a todos sus hijos en esta época tan difícil que nos está tocando vivir.

Últimamente, con el devenir de los años, y con esta edad, que ya se va acercando a la de aquellos que algún día nos dejaron, me gusta imaginarme lo que pensarían nuestros abuelos si pudieran ver La Encamisá en estos momentos.
Aquellos que vivieron años de guerras y hambres, pero que nunca dejaron de amar y vitorear a Nuestra Madre, a María. Aquellos que apenas si podían obsequiar al pueblo con un vaso de vino y un coquillo pero que, cuando el corazón oprimía por enfermedades y miserias, se encomendaban a su Virgencita. ¿Qué ha podido cambiar de aquellas Encamisás a las de ahora? mucho si lo pensamos bien, pues nosotros ya no somos los mismos. Los medios de comunicación y de transporte han hecho que cientos de visitantes vengan a acompañarnos esos días, quizás también porque nosotros hemos sido los mejores pregoneros allá por donde hemos ido. Buenos caballos bien enjaezados, aunque siempre lo estuvieron con sus vistosas mantas, fruto de nuestra artesanía local; sábanas perfectamente rematadas y bordadas; escopetas con permisos reglamentados; copiosos convites para el pueblo y visitantes; incluso el recorrido de la procesión del día de La Pura ha cambiado, pues la calle Coria también era testigo del paso de la Virgen... pero la esencia sigue siendo la misma, eso sí que no ha cambiado, su esencia permanece año tras año.

Hoy en día, seguimos celebrando, organizando y sintiendo con la misma ilusión. Son días muy ajetreados, con mil cosas en la cabeza y muchas compras que nos hacen ir de acá para allá sin tiempo para nada más. Las ropas, las comidas... las flores de la ofrenda, las horquillas, alfileres e imperdibles que todos los años, no sé qué pasa, pero se pierden.

Hasta que por fin llega la noche mágica, la noche esperada por todos los torrejoncillanos. Un año esperando nuestra gran noche, se ha hecho larga la espera, pero ya está, ya llegó. Es la noche en la que nos reencontramos con nuestras raíces, con nuestra herencia, nada cambia ese sentimiento. Esa noche nadie puede faltar, sólo la distancia, la enfermedad o el duelo pueden hacer que no vivamos completamente nuestra noche.

7 de diciembre, amanece y aún con los primeros rayos por salir, el son del tamboril se escucha a lo lejos, con esas notas arcaicas y monorrítmicas propias de tan singular instrumento, pero que se clavan en el alma porque las reconocemos, son notas que hemos escuchado desde la cuna, cantadas por madres y abuelas. Canciones que forman parte de nuestro patrimonio local. Sonidos de una alborá recientemente recuperada.

La noche anterior ha sido larga e intensa. Cada corazón del pueblo se ha echado a la calle, cada petición a María, cada súplica por el hijo enfermo, por la falta de trabajo, cada gracias por los favores concedidos, todos se han echado a la calle y las han recorrido rezando el rosario a nuestra madre. Confiamos en ella y debemos dar las gracias. Aún recuerdo cuando no tanta gente era la que realizaba dicho acto: viudas, personas con promesas y algún que otro niño acompañando a sus madres. Era noche fría, aún no estaban encendidas las lumbres y con el abrigo, bufanda y gorro, a las 12 de la noche estábamos en la plaza dispuestos a realizar tan perfecto e intenso recorrido. Hoy es un acto mucho más masificado: familias, grupos de amigos, vecinos...todos quedan para andar La Encamisá, si no se puede por la noche, da igual, el día siguiente es largo y también se podrá hacer.

Ese día pasa con puros nervios, las casas se llenan de familiares y amigos, que no quieren perderse tan asombrosa noche, idas y venidas para ultimar los preparativos, comidas hechas, ropas a punto, caballos herrados y sábanas planchadas, las balconeras que no falten en nuestros balcones y ventanas. Los cartuchos en las mochilas y las escopetas preparadas. Siempre hay quién se desplaza a por jachas y los vecinos a por leña, es hora de ir encendiendo la lumbre, la noche se acerca fría y tendremos que calentarnos.

Novena del 7 de diciembre, los vivas salen con más intensidad, sabemos que el momento culmen está cerca. Prisas para cenar, debemos prepararnos y acercarnos a la plaza. Esa plaza Mayor que alberga los momentos más importantes de nuestro pueblo, también esta noche será testigo, un año más, de la devoción que Torrejoncillo le tiene a María.

Cada uno busca su sitio, porque somos animales de costumbres y cada uno sabe bien donde tiene que colocarse, unos en el atrio, otros en la puerta del ayuntamiento, otros enfrente de la iglesia, los menos buscan balcones de amigos. El corazón empieza a agitarse y suenan las campanas por primera vez.
Son las 9:30 aún, ya falta menos. Una voz arranca a cantar el Pues Concebida.
Un teléfono que suena, porque este año alguien no ha podido venir y no quiere, ni por un instante, perderse semejante momento, seguro que alguna lágrima habrá de correr por esas caras y sobre todo por esos corazones pringones que, aunque hace muchos años que salieron del pueblo a buscar un futuro mejor, esa noche, la del 7 de diciembre a las 10 en punto vuelven como niños a recordar cuando iban con sus padres y hermanos a reencontrarse con la Virgen, con lo humano, con sus raíces. Mientras tanto, algún que otro forastero preguntará qué estamos esperando, cuánto tardarán los caballos en entrar y mientras esperamos, todos nos convertimos en pregoneros y tratamos de aplacar nuestros nervios mientras les explicamos el itinerario. Vuelven a sonar las campanas, son las 9:45, suenan las escopetas que se han puesto de acuerdo para lanzar salvas al unísono. Un viva suena y todos respondemos, las gargantas se van calentando, deben despejarse para no ahogar ningún viva en el interior. Y de repente el reloj vuelve a sonar, tan-tan-tan las 10, repique de campanas, seguro que igual que otras veces, pero a mí me parece que suenan con más ganas y fuerza que nunca, las puertas de la iglesia se abren y aparece Ella. El estandarte donde queda reflejada María y que nos une esa noche, donde la tenemos representada, porque Ella esa noche está allí junto a cada uno de nosotros. En ese momento ya no vemos nada más, ya no oímos nada más, ya no sentimos nada más. Sólo nuestra propia voz, algunas en alto y otras desde el corazón, pero todas suenan, y le damos gracias por todo lo que nos ha traído este año, y le pedimos por nosotros, por los nuestros y por los que se fueron un día. Que la Virgen nos proteja el año que comienza, no permitas que tu pueblo decaiga, danos fuerza para poder estar otro año más aquí. El portaestandarte ya está nervioso, no ve el momento de llevarla consigo, de acercarla a cada casa, a cada rincón, a cada corazón. Así también será este año, Jesús también nos la llevará a cada uno de nosotros y a cada una de nuestras casas, donde las súplicas por un año mejor y las gracias por los favores concedidos la estarán aguardando. No permitáis que nadie se quede si mirar a su Virgen. No paséis de largo ante ningún corazón deseoso de dirigirse a su madre.

Va finalizando la noche, noche que precede al día de La Pura, día grande en el calendario torrejoncillano. Nuestras mejores galas saldrán por la puerta y es que día tan sublime no merece menos. Es día de onces, de no entrar en casa, de vivirlo de principio a fin. Pero si hay un momento ese día que a todos nos llega al alma, ese será la procesión de la tarde. Nuestra Pura recorrerá las calles de Torrejoncillo como la Reina y Señora que es, con sus mejores mantos y su corona. Quizá no haya procesión más bella y con más sentimiento que la de la tarde de la Pura. Unos la acompañaremos en su recorrido, otros la esperarán en la iglesia, pero su entrada triunfante, para mí, es el acto de amor más bello de todos. Vuelve el Amor, ese que define mi Encamisá, nuestra Encamisá.

Culmina la fiesta, hasta el año que viene, donde volveremos a revivir paso a paso los andados este año. Volveremos a repetir los mismos actos y a compartir los mismos sentimientos, otros protagonistas habrá, esperamos seguir estando los aquí presentes, pero la esencia, como dije anteriormente, esa permanecerá porque es su razón de ser. Los padres seguirán inculcando el amor a María a sus hijos y los hijos recogiendo el testigo de esa herencia, como siempre lo hicimos. Seguirán los vivas, las canciones y las salvas de escopetas. Seguirá el repique de campanas, los nervios, los caballos y las sábanas. Los coquillos y el vino que no falten en cada casa. Y sobre todo la unión del pueblo torrejoncillano, la unión de sus gentes y el cariño de todos sus vecinos, ese no puede faltar.

V

Voy concluyendo, pero permitidme un momento más, porque no puedo ni quiero acabar sin tener presente a mi familia y amigas. A mi familia, la que esta noche me acompaña y que no me deja nunca de la mano, ellos saben lo que significan para mí; a los que se encuentran fuera y la distancia les impide estar aquí, pero que esta noche me llevan en su corazón; a los que se fueron para siempre y ya están viviendo la Encamisá junto a María. Y a mis amigas que, aunque cada una tengamos nuestras preocupaciones, en los momentos más importantes de la vida siempre me acompañan.

Y a ti, María gracias por permitirme vivir este momento tan especial. Tú sabías bien lo que albergaba mi corazón y supiste deleitarme con tu bondad y generosidad, por eso sólo me queda decir alto y claro... 

¡Viva María Santísima!
¡Viva la Reina de los ángeles!
¡Viva la Patrona de Torrejoncillo
¡Viva Nuestra Madre!