D. Pedro Luis López Bellot.

 

Oscuridad. Se retro ilumina el estandarte. Suena la Salve. Poco a poco se va yendo
el estandarte para que quede solo en silencio. Se hace luz al pregonero. Silencio.

Y después, todo es silencio.
El silencio sucede siempre a la verdad.
Un torrejoncillano sabe que en ese momento, La Encamisá, ha terminado.
En mitad de esa conmoción tan inmensa que provoca el final de la Fiesta,
solo hay silencio.

Más allá del ruido,
en el centro mismo donde gravita la emoción,
sólo hay el silencio.

Consternados,
emocionados
y aún por el shock ante lo que acaba de acontecer,
solo hay silencio.

No se puede cantar una canción con más matices y con una verdad tan pura, como se
canta La Salve.
El silencio posterior revela con su rotundidad,
la verdad.
Es la verdad de la condición humana,
desnuda,
transparente,
sincera.

La Encamisá es, ante todo, exaltación, ruido, pero su matiz más bello y puro, el que la hace realmente genuina, brota del silencio. Quizá porque no bebe directamente de él como hacen otras fiestas populares más arraigadas al puritanismo,
pero se nutre de él, porque emana
de la expresión,
de la emoción,
de la costumbre,
de la tradición.
Paradójicamente, necesita del silencio, para sobrevivir.

Cambio de tono.

La Encamisá ha terminado.
Ya nada es real.
El Pueblo se ha expresado y como centro neurálgico, (se ilumina y miro al estandarte)
el Estandarte absorbe todo lo que el Torrejoncillano le ha conferido.
Ninguno sin excepción calla.
Todos, durante esa noche, hablan y expresan.
Todos;

El devoto,
el escéptico,
el curioso,
el histórico,
el arraigado,
el callado,
el exaltado,
el tímido,
el más joven
y hasta el más niño,
todos, sin excepción, le hablan.
No es necesario vitorearlo para comunicarse con él.
Es inevitable todos lo miran.
Cada uno,
expresa cosas distintas,
a cada cual más rica.
Se ve en sus miradas.

Cambio de tono.

El Estandarte, ya descansa.
Ha vuelto a escuchar lo que el pueblo le ha confesado.
Es un diálogo casi místico, abstracto.
Pudiéramos pensar que sin todo lo que sucede desde las 22h. de la noche hasta su llegada a la Iglesia, no habría fiesta.
No habría Encamisá o la Encamisá no existiría.
Siendo así;

Pausa. Iluminación más intensa.

¿Qué sentido puede tener que hoy me halle entre vosotros pregonando una fiesta que no se va a realizar?
¿Para qué hacer actos como la ofrenda o este pregón si El Estandarte no saldrá por las calles del pueblo?
¿Es ésta la verdadera Encamisá o es solo la materialización de la verdadera Encamisá?
¿Es el pueblo el que se nutre de la Fe, de la historia o de la leyenda para celebrar la Encamisá o son éstas las que beben del pueblo para expresarse?

Suspensión de tiempo. Cambio de tono e iluminación más concentrada.

Me siento realmente feliz de hallarme aquí y realmente preocupado.
Feliz por tener el privilegio de acercarme a personas a las que acaso pueda compararme en la pasión por la Encamisá, no en el conocimiento de ella.

Preocupado porque, además de un honor que me excede realizar un pregón en esta Casa de Cultura, en este escenario, ante vosotros y ante tanta gente que me ve por TV o Internet, es una responsabilidad para la que no puede avalarme lo poco que hasta hoy he hecho por la Fiesta, sino lo mucho que desde hoy debo exigirme.

Llego con gratitud, con ganas de expresar lo que siento, hablar de lo que creo que nos une y desentrañar la raíz primaria que compone tan compleja y rica celebración, trayendo conmigo lo que he recibido en mi corta experiencia vital, en lo heredado.

Cómplice. Agradecido.

Me gusta compartir el día 7 rodeado de familia y amigos, en compañía. Durante estos años, Torrejoncillo me ha educado en la escucha y en el examen de lo que escucho. Vivo pendiente de lo que las personas hacen con las palabras y de lo que las palabras hacen con las personas. De ahí que en cabeza y papeles se mezclen esta noche frases o imágenes que me hago la ilusión de haber creado o de las muchas que cacé al vuelo.

Pronunciadas en un escenario,
las palabras son capaces de causarnos...
placer,
dolor,
tristeza,
alegría,
o nostalgia.
Pronunciadas en la Plaza Mayor o en una calleja,
se revelan con tanta verdad...
que es imposible escapar de ellas y de su emoción.
Son el éxtasis irrealizable.

Cambio de tono. Emocionado y afirmando.

Esta noche, son los ojos de un niño los que hoy os miran y hablan.
Los que transforman las profundas lágrimas de un viva
en un acontecimiento más propio del arte.
La Encamisá es tan bella, que describirla, se me antoja imposible.
Es un Misterio.
El todo en la vida es el asombro ante la revelación del Misterio.

Al público. Iluminación noche.

Leer las estrellas, el cielo es un papiro,
allí está todo escrito.
Lo más bello siempre está en el cielo.

Bienaventurado es el hombre feliz que conoce los Misterios. Esto no lo dijo San Juan
ni tampoco Jesús, lo dijo Eurípides, uno de los grandes trágicos griegos, un
dramaturgo.

Cuando nacemos somos antiguos.
Hace 2600 años, alguien debió pensar que las historias que se contaban a la luz de una lumbre se elevasen a los más altos escenarios. Hoy pensamos, sin embargo, que tal testigo, es imposible de perder por mucho que suceda. Mi profesión, el Teatro, ha
permanecido vivo porque la tradición oral se ha encargado de transmitir lo necesario para que ninguna guerra, ninguna pandemia, ningún régimen y ninguna red social pudieran o puedan acabar con él.

¿Entonces pudiéramos pensar que sin representación no hay Encamisá?
¿Podemos vivirla este año como en años anteriores?
¿Sería Encamisá?
Pausa.
Convicción. Cambio de tono, de ritmo e iluminación.

Hoy, como ayer, La Encamisa somos nosotros.
La Encamisá es Torrejoncillo.
El Pueblo.
Quienes lo habitan y quienes viven en él.
Por tanto, La Encamisá vive.
Este año, seguirá habiendo Encamisá.
Distinta.
Pero la habrá.
Porque vive dentro de nosotros.
Y aquí no hay pandemia ni catástrofe que mine o acabe con ella.
Torrejoncillo la tiene arraigada,
Como las raíces milenarias de una encina.

Y nosotros no somos los que celebraban rituales en torno a la figura de la Diosa Ataecina, ni tampoco los que se pusieron sábanas en Pavía para encomendarse a la Inmaculada y que la victoria se pudiera tornar nuestra, ni somos aquellos individuos de los cuales especulamos sobre leyendas que creemos que son realmente importantes para el devenir de la fiesta.
No somos porque hoy somos Historia viva.
Estamos ante la mayor encrucijada de nuestra historia reciente.
Como diríamos en un escenario, solo vale el AQUÍ y AHORA.
Tenemos la responsabilidad de hacer que perviva la esencia más pura de nuestra fiesta en este año que se ha presentado... tan peculiar.
Es nuestro momento.

Podríamos pensar que es un año aciago,
Que este 2020 nos está arrebatando todo,
incluso La Encamisá.

Podríamos pensar que de no celebrarla tal y como la conocemos
sería o es una desgracia,
y esto nos provocaría o provoca una tristeza
de la que sería o puede ser difícil desprenderse.

Pausa.

Esta pregunta es peligrosa y contagiosa.
Como la pandemia.

Giro. Cambio de tono. Iluminación concentrada al atril.

La Encamisá vive dentro de nosotros.
Es importante legarla.
A los más jóvenes, a los más pequeños.
Re-contarla. Transmitirla.
Ahí está la Encamisá, en el fino hilo que nos une.

Durante siglos, el telar torrejoncillano no ha parado de sonar
pasando de generación en generación su identidad como pueblo.
Pero en los últimos años, todo ha ido muy deprisa,
se han perdido detalles.
Las redes han tergiversado cosas,
y han afeado, como casi todo, nuestra fiesta más arraigada.

Pero este año tenemos el tiempo,
hagámoslo con paciencia y amor.
Que sea un legar artesano, como nuestro pueblo.
Porque de artesanía sabemos.
Porque este año seguirá habiendo Encamisá.
En nosotros está la responsabilidad de transmitirla,
en nuestras manos,
en nuestro verbo,
en nuestra infinita bondad
está el deber de transferirla.
De abuelos a nietos,
De padres a hijos.
De sangre a sangre.
Cada uno desde su experiencia,
Desde su entendimiento,
Desde su FE,
Desde su corazón
Desde su cultura,
Desde su razón.
Artesanalmente sigamos tejiendo la historia.
Que nos recuerden por haberles dejado semejante regalo.
Tremenda herencia.

Hubo un tiempo en que se hablaba...
todo se transmitía de boca a boca.
¿Quién no tiene un recuerdo de su abuelo o abuela sentados al pie de una lumbre o en un brasero de picón, contando historias, transmitiendo su devoción, o sus recuerdos?

Con complicidad al público.

Y qué felicidad cuando llega esta época, ¿verdad?
Aunque tuviera la convicción de que estaré para siempre,
me sentiría incompleto si por un año no viviese dentro de mí diciembre.

Como quien cuenta un secreto. Cambio de Iluminación.

A la Encamisá me la encontré apenas salido de la infancia y
desde ese momento cayó en los brazos de mi verdadera vida.
Nunca podré pedirle más de todo cuanto me ha dado.

Es en la Encamisá donde encuentro el equilibrio perfecto en el pueblo,
de ahí que se me venga una frase del autor libanés Wajdi Mouawad y su obra
Incendios,
cuando me encuentro en la Plaza Mayor la noche del 7 de diciembre
y veo en Torrejoncillo tal unión, tal fraternidad.

“Ahora que estamos juntos todo va mejor”.

Por eso la Encamisá aguanta el paso del tiempo,
Perdura y vive.
Porque nos unimos,
porque todos sabemos qué tenemos y debemos hacer.
Durante esos días,
Torrejoncillo vive una especie de regresión temporal,
una suspensión o espejismo que se diluye al terminar el día 8.

El pueblo repleto de niños,
rebosante de vida.
Cada calle llena,
cada casa ocupada.

Poblada de paisanos que se enorgullecen durante esos días vivir en el Pueblo.
El resto del año es otra cosa.
Si pudiéramos encontrar la forma y la manera de mantener esta constante vital durante
el resto del año el mayor tiempo posible,
veríamos de nuevo el florecer de nuestro pueblo.
Y esto no es una cuestión política.

Si estuviéramos juntos todo iría mejor.
Porque no hay nada más bello que eso; estar juntos.

La Encamisá no es lo que sabemos, es lo que sentimos.
¡Palabras, palabras...!
¡De qué sirven las palabras!
Seguro que hay hombres a los que no se les puede convencer de la pureza de nuestra fiesta, de nuestras raíces.

Porque esto hay que mamarlo,
cultivarlo,
sentirlo,
aprehenderlo.

Iluminación íntima. Con pasión, con amor. Susurrando al inicio, crescendo a medida que avanzo.

Cuando me arrancaron del vientre de mi Madre,
comprendí que era necesario elegir:
O contribuyo a la fealdad del mundo o hago todo lo contrario.
Mi vida se basa en filtrar la belleza de nuestra cotidianeidad y llevarla a un
escenario, pero llegados a la Encamisá, no es necesario aplicar nada, ella se revela
con una magnitud tal, que es imposible traducir su belleza. Y cada día pienso en
ello, desde hace 37 años.

Y entonces, vuelve esa frase que ronda mi cabeza;

Ahora que estamos juntos todo va mejor.

Y la que dijo una voz rasgada, mayor, a un niño hace muchos años;

Y mi voz será tú voz y tu voz será mi voz, y permaneceremos siempre juntos.

Un día le hice una promesa basada en el amor a una anciana.
Y voy a cumplir esa promesa.
No odiar a nadie jamás, la cabeza en las estrellas.
Promesa que hice a una mujer ni bella, ni rica, ni nada de nada.
Sencilla, torrejoncillana.
Se ocupó de mí, me cuidó y educó desde el amor.
Me decía.- No hay nada más hermoso que estar juntos.
Me lo vas a prometer y yo le contestaba que.
Y entonces me decía; Que cuando necesitara valor mirara las estrellas,
como hacían antiguamente para averiguar el futuro.
Porque mi voz será tu voz y tu voz será mi voz.
Y así permaneceremos siempre juntos.

No puede haber nada tan bello como el traspaso que se produce del amor y la sabiduría popular, de una generación a otra.

Con convicción.

Y así se lo haré llegar a mis hijos.
Les enseñaré a amar la fiesta como me la han enseñado.
Porque La Encamisá vive dentro de nosotros con fuerza,
la llevamos grabada a fuego.
Por dentro.

Y este siete de diciembre,
aunque la noche sea fría,
profunda,
sin Luna
y esté vacía en sus calles de todos nosotros,
será bella, porque será Encamisá.

Existencia y origen. Intensidad. La luz irá subiendo.

El tiempo es una cosa muy curiosa y un día ya no sabremos nada del sentimiento de la existencia.
Todos los que aquí estamos,
ya no sabremos nada.

Pero recordad, que todos,
venimos de la misma tierra,
de la misma lengua,
de la misma historia,
y cada tierra,
cada lengua,
cada historia es responsable de su pueblo,
y cada pueblo,
es responsable de sus ancestros y sus tradiciones.
De sus victorias y de sus derrotas.
Responsable de sus verdugos y de sus víctimas,
De Paladines que quisieron empujar con valentía la fiesta y de los que la quisieron
obstaculizar.
En este sentido, yo mismo soy responsable de vosotros y vosotros, responsables de
mí.
En mitad de este caos y esta pandemia,
aún nos queda todavía nuestra posible dignidad.
Hablaros como os hablo, es testimonio de la promesa que hice un día a una mujer
que me hizo comprender la importancia de basarlo todo en el amor.

Mi testimonio es el fruto de ese esfuerzo.

Pausa.

Quizá hemos forzado las cosas para conocer la verdad, el origen de todo, también el
de la Fiesta.
Pero es que no hay causa, no hay sentido.
Lo único que sé, es que esta fiesta es una huella de mis orígenes, de mi dignidad en
cierto modo, ya que, según la historia, me fue dada por mi Madre. Mi dignidad es
una mueca dejada por la que me dio la vida. Esa mueca no me ha dejado jamás.
La Encamisá tampoco.

Suspensión. La iluminación irá transformándose. 

Yo también les hablaré a mis hijos de palabras antiguas que vienen del más lejano de los recuerdos.
Palabras que musité a menudo en mi soledad.
(Cambio de tono)
Les hablaré de mi Padre, de mi Madre.
De su rostro.
De la promesa hecha un día a una mujer anciana, cercana, viva aún dentro de mí.
De los que están y de los que velan por nosotros y por ellos desde la distancia.
Porque donde hay amor, no puede haber odio.

Este pregón está escrito en lo más profundo de la noche.
Escrito desde el amor de un torrejoncillano.
Porque más allá del silencio, se halla la felicidad de estar juntos.
No hay nada más hermoso que eso.

Durante La Encamisá, Torrejoncillo vive.
Durante el año dormita.
Guarda el ruido y el pasado entre sus paredes.
Pero en diciembre despierta con una fuerza...
Ya desde octubre se le ve venir.
Las calles comienzan a oler de distinta manera,
la niebla comienza a atrezar el Pueblo.

Fijemos un horizonte en que todos los días sean Encamisá, en cuanto a convivencia se refiere, y seamos pacientes en ver a nuestros hijos crecer e inculquémosles, que tenemos un pueblo rico en pasado, artesanía, cultura y tradición.
(Crítico.)
Dejemos que cada fiesta
se revele cuando le toque,
no abusemos de la sobreexplotación de la imagen.

Si todos los meses celebrásemos Nochevieja, llegado el momento, las uvas y su posterior celebración no tendrían el mismo efecto.
No caigamos en ese error con la Encamisá.
Antes veíamos el estandarte la noche del 7.
A la Pura salir el día 8.
Hoy la tenemos presente durante todo el año.
No dentro de nosotros, como hacían los antiguos, sino sobreexpuesta.
Llegado el momento, el impacto no será el mismo.
Por esto no se la quiere ni siente más.
Mimemos los detalles.
Dejemos que el año siga su curso.
Diciembre termina llegando siempre.
Incluso éste, ha terminado llegando. (Más crítico.)
Hoy estamos más preocupados por grabarla,
por registrar su imagen,
por la publicación,
el me gusta, los seguidores o la opinión,
que por esforzarnos en cuidar su verdadera imagen.
No banalicemos ni caigamos en la fanatización y vivámosla con autenticidad, con verdad.

¿Qué nos habremos llevado del mundo cuando el fin se acerque?
¿La imagen o la vivencia?

Silencio. Cambio de tono, energía y ritmo.

Seamos escrupulosos y no denigremos
aquello que nuestros
abuelos,
padres,
tíos y
vecinos supieron transmitirnos.

Ha llegado el momento de parar,
de invertir el orden de las cosas.
La evolución no siempre mejora el presente.

Disfrutemos del momento
y miremos a los ojos de aquellos que en un futuro honrarán nuestra memoria.

Antes el mundo era palabra,
hoy es imagen.
De nada vale la imagen cuando la vivencia no está.
Nuestra responsabilidad reside en defender parte de la identidad del pueblo.
Aún no lo sabemos, pero es así.

De nosotros depende que la Encamisá no muera.
Y pienso que no morirá
porque la base de ella,
no es la expresión que se produce en la representación durante la noche del día 7,
sino lo que radica en lo más profundo de nuestra alma.

Mucho se ha hablado
del carácter teológico
e histórico de la fiesta.
Poco del sentir popular
y su legado.

Que la fiesta es religiosa nadie lo niega,
como tampoco podemos negar su carácter profano,
ni su raíz cultural o su manifestación artística.
Por tanto,
de ninguna de las aristas que la componen podemos prescindir,
ni tampoco negarlas,
porque esto convierte nuestra tradición y La Encamisá en una fiesta
poliédrica,
rica,
compleja,
popular
y, ante todo, universal.

La fiesta historicista ofrece al espectador convertirse en testigo presencial del acontecimiento representado. Esta oferta es, en primer lugar, mendaz: no es posible reconstruir ni el acontecimiento ni la mirada que en aquel tiempo lo observó. En segundo lugar, es una oferta pobre, porque de cumplirse privaría al espectador de lo que el tiempo ha ido revelando sobre el acontecimiento, aquello que el testigo presencial no pudo ver.

Nuestra fiesta no es una representación bélica e histórica.
De nada sirve representar la batalla,
y os digo, que de representaciones sé,
lo que la hace verdaderamente genuina
es que la Encamisá no se actúa, se vive.

La Encamisá congrega todo el arco emocional de la condición humana.
Es alegría,
es fiesta,
pero también es dolor,
es pérdida
y nostalgia.
Dejar hablar a la emoción es la condición de toda verdad.

La Encamisá nos reúne más allá de las horas del mundo.
No busquemos más.
Permitamos fijarnos en el presente actual,
en lo que somos,
en lo que hemos construido,
y en aquello que construiremos.
La Encamisá es presente.

Cada Torrejoncillano/a sabe que
cada palabra,
cada silencio,
cada viva
que irrumpe durante esa noche
es indisociable de todos los demás.

Es emocionante mirar una calle,
la plaza o la iglesia
y pensar cuántos espacios ha sido,
cuantos tiempos han pasado por él.
Ese espacio y tiempo no están ahí, sino en la imaginación de quien lo vive.

La Encamisá es el arte de la reunión y la imaginación.
Lo único que le es imprescindible es el pacto que cada uno debe establecer con el otro durante esas horas.
El Corazón de la Encamisá es ese ingenuo acuerdo que se establece entre el
portaestandarte y quien lo mira y escucha.

Cambio de tono, ritmo e intención. Con Pasión. Crescendo de luz.

Seamos este año todos/as portaestandartes de nuestra fiesta.
Portemos la llama que la mantiene viva.
Llevémosla a nuestras casas,
a nuestras chimeneas,
a nuestros salones,
a nuestras cocinas.
Hablemos con nuestros hijos
y dediquemos nuestro tiempo a contarles todas nuestras experiencias con mimo, con amor.
Cada uno ha mamado la Encamisá desde puntos de vista distintos.
Sigamos construyendo el futuro desde nuestra posición.
Desde el papel que nos ha tocado representar o vivir,
Enseñadles a aparejar caballos,
a limpiar caños de las escopetas.
Enseñadles a bordar sábanas,
a tirar o a conocer los vivas,
a encender las hogueras.
Cojamos jachas y quemémoslas en familia.

Andemos el recorrido a su lado.
Mostremos por dónde pasan los caballos,
y enseñemos cuáles son las calles que trazan el verdadero corazón de Torrejoncillo.

Que conozcan sus rincones y que sepan, que hace no muchos años, en ellos sonaban
incansables las máquinas de los zapateros, el crujir de los telares o el paletear de los
alfareros.
Es preciso que todo eso vuelva.

Cambio de ritmo e intensidad. Crescendo.

No desaprovechemos ni un segundo.
Salgamos a los balcones,
a las puertas,
en las calles.
Tiremos cohetes,
Peguemos tiros.

Cantad el Pues Concebida estrofa a estrofa, verso a verso.
Que lo aprendan.

Puede que no salga el estandarte este año, pero qué bonito sería si pudiéramos todos salir a nuestras ventanas y balcones y cantar el Pues Concebida, lanzar cohetes y que mil salvas de escopetas iluminasen el cielo de Torrejoncillo a las 22h.de la noche.
Que el pueblo sea un mar de vítores y estruendos.

Aprovechemos lo que nos brinda el momento.
Sinceramente creo que vivir es un regalo.
Cada instante, cada experiencia, cada segundo que pasa no vuelve.
No nos obcequemos en la negación del todo.
Este año será recordado por muchas generaciones.
Dignifiquemos nuestra existencia.
Las estrellas seguirán atentas el transcurso del tiempo.
Hagamos de este 7 de diciembre la más digna y eterna de las noches.
Somos responsables de la historia.
No malgastemos nuestro tiempo.
Lo que se le quedará a fuego grabado a nuestros hijos y nietos serán los momentos
que hayamos invertido para que ellos sientan en sus carnes el gozo de la celebración,
de esta fiesta tan rica que es la Encamisá.

Algo tan olvidado a día de hoy como son las antiguas técnicas de transmisión y
narración oral, serán nuestro medio de salvación.
Porque... (Marcar bien la idea. Variación de luz.)
Aquello que no se nombra muere.
Aquello que no se celebra se olvida.

¿Quien sabe manejar un telar?
(Pausa larga.)
Pocos, ¿verdad?

Pues no perdamos tampoco nuestra raíz primaria.
La Encamisá es una fiesta artesana, cocida a fuego lento durante años desde el amor
que se nutre por igual de la “tradición de la palabra”.
La transmisión oral es siempre transmisión sagrada

Y así,
El relato como revelación.
La verdad como belleza.
Solo vuestro nombre y la eternidad.

Pausa. Natural, pausado. Relajado. Luz normal.

A través del recorrido que hace el mayordomo con el estandarte, el torrejoncillano
poco a poco se revela a si mismo. A la llegada a la Iglesia y en su canto como forma
de despedida final se consuma de forma completa el proceso. El pueblo observa...

Cambio de tono y de estilo. Marcamos pausa y continuamos. Luz Encamisá.

21:58h. Torrejoncillo
Son los ojos de un niño agarrado por su abuela los que contemplan una plaza de Encamisa por primera vez.
Está llena.
Ahora que estamos juntos todo va mejor.
Silencio.
Una mujer mira al cielo. Está nerviosa.
En ese instante los caballos avanzan hacia el atrio.
Dos amigos cargan las escopetas.
Se cae un cartucho.
En la puerta de la Iglesia se canta el Pues Concebida.
Un caballo relincha.
Suenan tiros.
Silencio.
Un hijo porta un año más la gabardina verde de su padre.
Se enciende un cigarro.
Otra madre, observa desde las escaleras del ayuntamiento que la sabana de su hijo sigue intacta.
Las estrellas siguen en pie.
En otro punto, dos forasteros preguntan a que hora empieza todo.
En el atrio miran de nuevo el reloj.
21:59h.
Dos amigas agarradas a las rejas se ven.
Otro año más, dicen para sí.
Se va formando el pasillo.
La niebla invade todo.
Los caballos avanzan.
El Mayordomo, busca la mirada cómplice de su mujer.
De su Madre.
Es el día, se dicen.
Unos hablan con su FE.
Otros se acuerdan de los que ya no están.
De los que se ha llevado este año.
Otros de los que han llegado.
Mientras, una señora saca un pañuelo y se seca dos lágrimas.
Hacía treinta años que no vivía una noche de Encamisá.
Las campanas comienzan a repicar.
Suenan tiros.
Silencio.
El pueblo comienza a girarse mirando la puerta de la Iglesia.
Unos miran el rosetón.
Otros el reloj.
Algunos las estrellas.
Se revelan nuestros antepasados en la memoria.
Cargan escopetas.
Se azuzan los caballos.
La plaza se tiñe de blanco.
Es la hora.
Un niño es subido por su Padre en mitad de la marea humana.
Balcones llenos.
Ttv preparada.
Gente y más gente en silencio.
Hay ruido, pero por dentro, reina el silencio.
(Intro track cámara lenta. Cambio ritmo, tono. Dilatación del tiempo. Suspensión luz).
Al fondo en una ventana una mujer centenaria contempla con su mirada perdida el
gentío.
No tiene memoria.
Su mano es agarrada por la hija, la otra por una nieta.
De sus ojos brota una lágrima.
Un viva le transporta a lomos de su Padre 80 años atrás.
Se ha visto reflejada en el niño al que han elevado en mitad de la Plaza.
Le tiembla la voz.
Como le tiembla el pulso al mayordomo.
Como le tiemblan las manos a las amigas que se agarran a las rejas del atrio.
O a los que llevan sus varas para que los caballos no avancen más de la cuenta.
O la de los Paladines que portarán a su salida el Estandarte en sus primeros pasos.
Tiemblan las manos de los escopeteros.
La niebla cada vez es más densa.
Hace frío, pero en ese momento nadie lo tiene.
Todo se suspende.
Silencio.
(Cambio de track a sonido de Encamisá. Aparece volando e iluminado el estandarte. Cambiamos el tono. Esperanza y pasión).
Año 2021.
Es la hora.
Tras un año sin verse,
las puertas de la Iglesia se abrirán,
y al fondo el sacerdote portará el estandarte que bailará y flotará
mientras las escopetas sonarán,
los brazos se levantarán,
y llegará entonces el momento de aparcar el silencio, para decir alto y fuerte;

¡¡VIVA MARÍA SANTÍSIMA!!
¡¡VIVA MARÍA INMACULADA!!
¡¡VIVA LA PATRONA DE TORREJONCILLO!!
¡¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!!
¡¡VIVA LA REINA DE LOS ÁNGELES!
¡¡VIVA MARÍA INMACULADA!!