Srta. Silvia Sánchez Cordero


Ofrenda 2019. Inmaculada Sánchez Cordero

¡Madrecita querida!

Como bien sabes, nerviosa y sobresaltada desde que me encomendaron ser la oferente de este año, he soñado cada noche tu hermosura, he palpado tantas veces tu cariño y te he dicho tantas cosas… que, ahora, no tengo nada que ofrecerte, nada que solicitarte.

Vengo, esta mañana, solo para contemplarte y dejar al corazón que hable su propio lenguaje en nombre de las mujeres, jóvenes y niñas que me acompañan, vestidas de torrejoncillanas, para entregarte con sus ramos el cántico y una plegaria muy amplia.

Madrecita, en nombre de todas ellas, yo te saludo e invoco, agarrándome fuerte de tu mano para que mis palabras broten y fluyan claras.

¡Qué esta amorosa ofrenda que te dedico con las flores que depositaré a tus plantas, te sea agradable!

Hubo una vez, no sé donde, un pintor de sueños que pintaba, no sé cómo, los trazos indecibles del misterio.

Pues bien, anoche al acostarme, cogí entre mis manos, como quien toma un delicado lirio divino, un cuadro que tengo en mi escritorio, pequeña réplica de su obra más admirada: “Una hermosa niña con perfil de soberana”.

Agarrada al óleo me deslicé en la cama y acurrucada entre las sábanas cerré los ojos.

¡Qué fragancia! ¡Qué calor tan maternal! Tenía en mis brazos, junto a mi pecho, como sosteniendo el halo de la luna, a una niña, imagen pura de Dios, que era mi madre, que eras Tú, escuchando el corazón.

¡Cómo me hubiera gustado, cuando eras niña, haber estado jugando contigo todos los días a las muñecas o al pilla-pilla en las calles de tu aldea!

¿Sonríes, Madrecita, por entender lo que digo aunque nadie más lo entienda?

Pues ahora que eres Tú quien, al llegar a tus plantas, me recibes y me abrazas deja que al calor de tu regazo, rozando tu rostro y haciéndote mimos, te susurre mi deseo: ¡Que rocíes con polvo de estrellas besos de tus divinos labios a todos los rincones de la Tierra!

Pero… ¡que sean de colores, como los del cuento que tengo!

A las mamás, esencia de la vida, que nos cuidan, nos arrullan en la cuna y están duermevela en la enfermedad llévales esos que dicen: “Te quiero por tu alegría, desvelos y vitalidad”. Son los de color rojo.

Que sean también para los papás, afanados en sus tareas, sin dejar atrás a nuestros abuelos y abuelas por ese cariño tan especial que nos dan. ¡Ah! No te olvides de nuestros maestros por cuanto nos enseñan.

Quienes desgastan sus vidas trabajando para conseguir que los países ricos a los pobres tiendan su mano, que reciban besos naranjas. Son jugosos y tienen muchas vitaminas.

Las personas sumidas en la tristeza: enfermos, parados, ancianos que están solos, niños sin hogar y que no conocen la paz… ¡necesitan que el sol luzca en sus vidas! Para ellos que sean calidos, intensos y brillantes, los amarillos.

Nos dicen en la escuela y se comenta en casa que el Planeta gime, se lamenta. Pues… Madrecita. ¡viste de esperanza que cure sus heridas, los bosques y los campos! Cúbrelos, siguiendo con los besos de mi cuento, de esos verdes luminosos que se mueven a ritmo de música, cuando sopla el viento.

Y para poner fin a la lenta agonía de los peces vierte los azules, profundos y sin límites en sus ríos y océanos. ¡A los niños no nos gusta la naturaleza muerta!

Alegría y tristeza, preocupación y confianza, tranquilidad y calma se elevan hasta Tí, en este instante, desde esta convocatoria. Cada uno de los aquí reunidos espera impaciente que con tus delicados y misteriosos besos lilas oscuros, le digas muy bajito: “No te preocupes que yo estaré siempre contigo”

Y… ¿no sabes, Madrecita, que de esa diadema de colores, de ese iris de paz nacen los besos blancos?

Son besos de buenas noches, de tranquilidad, de consuelo…

Son bálsamo en el dolor, lágrimas, memoria de los que se fueron…

¡Son tantas cosas…!

Son notas arrancadas del Pues Concebida, plumas diminutas de ángel temblando con el viento que, volando hacia Ti sellan la gratitud sin límites en tu hermosa frente. Pues bien sabes que este pueblo, nuestro pueblo, ya sufra, ya goce solo sabe vivir contigo.

¡VIVA MARÍA SANTÍSIMA!
¡VIVA MARÍA INMACULADA!
¡VIVA LA REINA DE LOS ÁNGELES!