jenaroFicha de la publicación:

Autor: Alviz Serrano, Antonio

Título: En Torrejoncillo con Jenaro Ramos [2006] 393 p.

 

En Torrejoncillo con Jenaro Ramos

Antonio Alviz Serrano

Prólogo

“Libros, caminos y días, dan al hombre sabiduría”

(Proverbio árabe)

Querido lector:

Te habrás dado cuenta de que encabeza este preámbulo un proverbio árabe. Lo he hecho así porque el susodicho le viene al autor de este libro que ni pintado. Antonio es un andariego incansable por todos aquellos caminos que conducen a desentrañar la cultura, en general, y la de su pueblo, en particular. Lector infatigable y convencido, lector de verdad y con mayúsculas. Y es así, a través de mucho caminar, de patear por la vida y por los libros como el ser humano se va aproximando al camino de la sabiduría. Y digo camino y no meta; nunca se sabe demasiado, siempre se aprenden cosas nuevas si se está predispuesto a ello, claro está. Predisposición que al autor de este trabajo le sobra. El camino del sabio es un camino que nunca acaba y Antonio lo sabe; por eso, este nuevo libro, que quizá sea el germen de otros, por aquello, querido lector, de que se hace el camino el andar; y porque ya lo decía el gran filósofo D. José Ortega y Gasset en su Lección nº XI de Qué es filosofía: “Yo consisto en ocuparme con lo que hay en el mundo y el mundo consiste en todo aquello de que me ocupo y nada más”… ¡Y nada menos!

Estoy emocionada ante la labor que, el que fuera mi profesor de francés, en los ya lejanos días del bachillerato, me ha encomendado. No sé si merezco tan alto honor y tan grato, añadamos este último adjetivo para no faltar al sentimiento, que es flor delicada.

Hay quien piensa que es muy difícil escribir para el amigo, más que nada, pienso, porque nos pierden las emociones. Y si a esto añadimos que lo que tenemos que escribir para el amigo es un prólogo, esos exordios aburridos que o se leen por encima, o no se leen, pues ya vamos bien servidos.

Quiero que estas letras, afectísimo lector, sirvan para animarte a leer este libro que tantos desvelos ha costado a nuestro paisano. Y te animo a hacerlo porque, aparte de que ha de ser labor primordial del prologuista ésta de alentar al lector a la labor de la lectura, yo, que ya me lo he leído, doy fe de que todo en él está profundamente pensado, documentado y trabajado. Tienes entre las manos un gran trabajo, fruto de una gran labor de investigación, que es a la vez un estudio sobre nuestro escritor Don Jenaro Ramos y sobe su producción literaria, así como también un análisis histórico y social del mundo y del lugar en que dicho escritor vivió. Nos lega también Antonio, a modo de apéndice, la obra poética de Don Jenaro, tanto la que ya ha sido editada como la totalmente desconocida y que ha sido recopilada por el autor de este libro para deleite del buen lector.

No te quepa ninguna duda de que, con esta obra, Antonio está haciendo justicia con un personaje del que todo torrejoncillano debiera sentirse orgulloso; no en vano, Don Jenaro defendió como pocos la justicia social y fue un luchador infatigable por y para la cultura.

Y llega este momento especial, pues en 2007 se cumple el centenario de la muerte de Don Jenaro Ramos Hernández, el médico-poeta torrejoncillo; y digo yo, estimado lector, que si se celebran todos los centenarios habidos y por haber ¿por qué nosotros no vamos a celebrar tal efemérides, si se trata de recordar a uno de nuestros más insignes paisanos? Antonio ya ha puesto la primera piedra, y bien sólida, con este ensayo histórico-literario que tienes ante ti.

¡Vamos Lector, no te hagas el remolón, pues no hay excusa lector que valga! Antonio lo ha escrito especialmente para ti, en un tono narrativo ameno, que hace fácil la lectura. En muchas ocasiones ese tono se reviste de matices sarcásticos, un tanto conceptivas o quevedianos en muchas de sus apostillas o apreciaciones, fieles, por otra parte, al carácter satírico-burlesco de los nacidos en estos pagos y del que participa Antonio como buen torrejoncillano. Parecido carácter debió tener Don Jenaro, al que el autor de este libro define como travieso, inquieto, fuerte, rebelde y polémico. Una persona así retratada ha de ser interesante por fuerza, como también lo ha de ser esta obra que te dispones a leer, concebida, gestada, y parida con dolor y alegría, como no podía ser de otra forma, pues así se pare a los hijos, con dolor, pero con la felicidad final de verlos sanos y exultantes de vida, y poder mostrarlos más anchos que largos, que cedimos aquí.

Gracias, querido Antonio, por ese libro que bebe de la historia y de la literatura. Gracias por presentarnos a este personaje y por ahondar en él, personaje que tú sientes tan tuyo, y que a partir de ahora sentiremos tan nuestro.

Te deseo que encuentres el descanso, merecido, del guerrero, después de muchos días de desvelos que finalmente han tenido su recompensa: este diamante en bruto que nos legas, y que a nosotros toca ir puliendo desde nuestra perspectiva de lectores. Pues de todos es bien sabido que el libro se hace libro cuando el lector lo lee y lo completa. Ya lo decía Camilo José Cela: “En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lijano”

Y por aquello de que lo bueno si breve… va siendo hora de poner fin a esta introducción y de dejarte en paz, sufrido lector, que lo que estarás deseando será entrar en batalla, en batalla lectora, por supuesto, y de hacer tuyo el dicho de Don Miguel de Cervantes que reza: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.

Mª José Vergel Vega

Torrejoncillo, septiembre de dos mil seis