¡En directo! Emisión en directo de la Noche de la Encamisá. Torrejoncillo - 2018. Emisión de TTV y el recorrido.

Dn. Leandro Crespo Rincón

 

 

crespo

 

 

¡MADRE INMACULADA¡ 

Sr. Presidente y Junta Directiva de los Paladines, Sr. Alcalde, Reverendos Sacerdotes, Sr. Portaestandarte y esposa, Señoras y Señores. 

Antes de comenzar, desearía tener presente a los míos que ya no están (mi padre, mis abuelos), a mi madre, a mi mujer y mis hijos, a mis hermanos. Por supuesto, y dado que a vosotros va dirigido, tampoco quiero olvidar a nadie de mi pueblo, presentes  y ausentes. Gracias a todos ha sido posible que esta noche yo me encuentre aquí.

e estrado y ponerme delante de vosotros impone, como podréis imaginar, un inmenso respeto. Respeto y sorpresa como la que sentí cuando, a final de octubre, el teléfono de mi casa sonó a eso de las 10 de la noche, hora mágica para los torrejoncillanos. Una voz, que inicialmente no reconocí, se identificó como miembro de la Junta Directiva de los Paladines. Me comunicó algo que de ninguna manera me esperaba en esos momentos:

-         "Reunidos esta noche, nos gustaría que  este año fueses tú el PREGONERO de la ENCAMISA. Después, te volverá a llamar el Presidente para que le des una respuesta".

Me quedé totalmente sorprendido, casi sin poder articular palabra, sin saber qué decir. Lo primero que se me ocurrió preguntar fue:

-         "¿Eso es algo a lo que no me debería negar, verdad?".

Cuando colgué el teléfono me invadió una mezcla de alegría, agradecimiento, turbación e intenso nerviosismo. No sabía si había hecho bien o si debería haberle dicho ¡que no¡, argumentando excusas como que carezco de cualidades oratorias, que las personas que lo habían hecho antes habían dejado la bandera muy alta. Cuando se lo dije a mi mujer y mis hijos, muestras de alegría y sorpresa invadieron toda la casa:

-         " ¿De verdad lo vas hacer tú?". Me preguntaron.

Yo, mientras tanto, me repetía una y otra vez:

-         ¿ Qué le digo al Presidente cuando me llame?, ¿Cómo voy a ser yo elPREGONERO?. ¡Pero si la gente me conoce porque no suelo hablar mucho¡

Los minutos pasaban con lentitud y un cúmulo de sentimientos contradictorios me hacían un nudo en la garganta. De nuevo suena el teléfono, esta vez sí reconocí la voz porque lo esperaba. El presidente me habló:

- Te voy a dar una buena noticia, y mi enhorabuena, vas a ser el PREGONERO DE LA ENCAMISA de este año 2000, debes guardar silencio hasta que se haga oficial.

Yo le dije:

- Pero, ¿cómo silencio, si me tiemblan las piernas? ¿Qué voy a decir?, ¿Cómo me voy a comportar?.

A lo que él me respondió:

-         ¡No te preocupes la INMACULADA te iluminará¡.

Mas o menos  de esta manera, aunque cada uno según su propia forma de ser, todos, absolutamente todos los que por aquí hemos pasado, manifestamos SORPRESA y TURBACIÓN, en los primeros momentos de conocer tan HONORABLE decisión.

Sin embargo, hay algo incuestionable: somos TORREJONCILLANOS,  o lo que es lo mismo nuestros sentimientos sobre LA ENCAMISA  y LA PURISIMA están arraigados tan profundamente en nosotros que, desde luego, superan con creces el miedo al ridículo y a la dificultad que podamos tener para expresar en voz alta y en público, algo que todos los aquí presentes podríamos hacer con la mayor naturalidad del mundo. Creo que ésta es la única razón lógica que explicaría por qué estoy ahora aquí, ya que, como os he dicho antes, no soy un virtuoso de la palabra. Así pues, vaya mis más profundo agradecimiento hacía las personas que componen la Junta Directiva de los Paladines, por la confianza que en mí depositan al haberme designado para tan loable menester.

De esta manera, un día de guardia, en un hospital también con nombre de VIRGEN, "Nuestra Señora de la Montaña", entre enfermo y enfermo, cuando mis obligaciones me lo permiten, me dispongo a trazar las líneas maestras del modo como he de decir algo de lo que todos vosotros podríais hablar, seguramente, con mayor claridad que yo lo pueda hacer.

 Releo una y otra vez los pregones de mis antecesores, el alma se me acongoja, las lágrimas afloran a mis ojos, multitud de sentimientos y recuerdos pasan por mi cabeza. Cada línea, cada frase, cada pregón ¡están tan llenos de amor hacia NUESTRO PUEBLO Y NUESTRA INMACULADA¡

 Se hace  difícil pensar que en su momento, quienes fueron elegidos, tuviesen alguna duda para decir, sin la más mínima vacilación y con la voz muy alta ¡ SI QUIERO SER PREGONERO ¡

Desearía transmitiros de la misma forma, y con la mayor emoción posible, mis sentimientos, que son también  los vuestros, que esta noche, y aquí reunidos, casi se tocan con las manos. Pero mi natural forma de ser y los nervios, puede ser que me traicionen, por lo que os pido disculpas por anticipado.

Como los que me precedieron, lo que el cuerpo me pide es hablar con el corazón, y no de otra forma creo que se pueda o se deba hacer. Un cúmulo de sensaciones indescriptibles y la emoción hacen temblar mis manos al redactar estas líneas,... ¡ Y las lágrimas continúan queriendo salir¡... ¿Por qué será?.

Aunque podría intentar hablar sobre cuestiones históricas o religiosas entroncadas con NUESTRA ENCAMISA, no soy un especialista en la materia. Ya ha habido otros que lo hicieron con la suficiente lucidez y elegancia, como para que yo desista en intentarlo. Por eso, lo más sincero que puedo hacer es mostrar mis más profundos sentimientos, que han madurado con el paso de los años, desde lo que aprendí de mis abuelos, padres y vecinos en mi más tierna infancia, pasando por los periodos de ausencia temprana, mi noviazgo con una torrejoncillana como yo, hasta la actualidad.

Todos podemos contar innumerables vivencias relacionadas con NUESTRA FIESTA por antonomasia, pero siempre existen algunas fechas concretas, algunos momentos definidos, o detalles que a la luz de ojos ajenos podrían parecer triviales,  pero que de niños se nos han quedado gravados de forma inalterable, y que pueden evocarse con simples estímulos como el olor a pólvora, la visión de una lumbre en una noche fría, de una sábana blanca, o de un caballo...

Me veo de niño, en mi siempre presente y querido barrio, la Carrera. Los cántaros haciendo cola en el caño para cuando "den" el agua, jugando a pídola o "punta nariz que yo te ví", o en la prensa poniéndonos como trapos con el carozo, o con mis amigos, alguno de los cuales le fue arrebatada la vida cuando sólo era un niño, o en los atardeceres de verano escuchando cuentos en el puente de la calleja. Allí, esa noche, que otros han llamado muy bien "NOCHE MAGICA",  nuestros mayores habían acarreado como testigos y víctimas mudas, troncas de encinas y olivos, taramas, chamuscos, palos, tablas... Al atardecer encendían la lumbre, y después... después las "jachas". Una algarabía de muchachos agolpados alrededor del fuego, vigilados por nuestros padres  y abuelos, tan entusiasmados como nosotros mismos.

Entre gritos y vítores, nos adentrábamos en la oscuridad de la Calleja de la Fuente, con las jachas ardiendo en lo alto, sintiéndonos no sé que protagonistas de cualquier historia bélica. La llama se extinguía con prontitud, el miedo a la oscuridad aumentaba y regresábamos a la lumbre acogedora, batiéndonos en retirada.

Las jachas... que uso tan sublime para planta tan humilde, que momento tan fugaz para algo que se hizo con tanto mimo: recogerlas en la Villa, llevarlas en el maletero de la bici o de la moto de mi padre, o en la burra de mi abuelo, luego atarlas y después guardarlas.

¡ Que larga la espera¡, ¡Que impaciencia¡ por la llegada de la noche del 7 de Diciembre. 

Aún, ya con algunos años más sobre mi espalda, me sigo emocionando cuando he ido de paseo por el  campo y he reconocido la planta.

Pero volvamos a la noche de la Encamisa. Mis vecinos preparan los caballos, mulos o burros, las madres pliegan las sábanas, tiran de aquí y de allá hasta que consideran que está bien puesta. Mi padre me deja la escopeta, disparo...VIVA MARIA INMACULADA.

Sin darnos cuenta, inmersos en el corrillo de gente que se dirige a la plaza, nos arrastran, cogidos de la mano de nuestro padre..., la cruz de la Carrera, el cine Lasi, el caño de Bellot, la calleja de Maxi y la plaza. Por el camino, el preludio de lo que va a ser dentro de poco rato: mas lumbres, más jachas, mas tiros, más cohetes y más y más VIVAS.

No vemos nada, tiramos de la manga de nuestro padre y ¡hala en pericute¡. ¡Que bien se ve todo¡ La plaza está inmersa en una mezcla de olor a pólvora, niebla, y mucha, mucha gente. Hace frío, pero hay un calor entre todos los que están allí, que sólo sentimos ese día del año.

Dan las diez campanadas por el reloj de la iglesia. De pronto se abren las puertas, se intensifican los tiros, la gente se agolpa y empuja, ¿qué pasará?... ¡Ha salido el estandarte¡. Un mar de manos no paran de moverse..., sólo se escuchan VIVAS y más VIVAS, tiros y más tiros....El calor y la emoción, contenidos, brotan a raudales, lagrimas en los ojos de nuestras madres. El estandarte se abre paso como puede hasta llegar al mayordomo, que es incapaz de contenerse y se abalanza a por él..., La quietud de los caballos a pesar de todo el alboroto.

Y así año tras año: los mismos gestos, los mismos pasos, los mismos clamores, pero  renovados ímpetus e ilusiones. Hasta entonces a nadie tuve que dar explicaciones de las emociones sentidas esos días, porque mi mundo se limitaba a Torrejoncillo y todos los que  conocía sentían lo mismo que yo.

Pero llegó el fatídico día, durante mi más tierna adolescencia de hace ya casi 30 años, yo no tenía mas allá de 12,  en Valencia. Los campos preñados  de naranjas. Yo  solo. Mi familia a más de 600 kilómetros, sin posibilidad de unirme con ellos ni por teléfono porque por entonces ni siquiera había llegado el agua corriente a mi casa, entre niños valencianos, catalanes, vascos, gallegos, madrileños o andaluces..., que de mi acento extremeño se reían o les hacía gracia y que nada entendían de LA ENCAMISA, de la noche del 7 de diciembre, ni del significado que tenía cuando el reloj estaba próximo a cumplir las 10. Allí, en mi litera, con la medalla de la VIRGEN... ¡siempre presente¡...  que me regaló mi madre  al despedirme, metida dentro de la boca, tiritando por la emoción, con mi imaginación y sin ningún esfuerzo, recorría todos los pasos que desde niño siempre había dado, hasta llegar a la plaza. No con la boca, sino con el corazón gritaba:

            - VIVA MARIA SANTISIMA

            Y las lágrimas, cargadas con el inmenso sentimiento, que la lejanía de los míos y la soledad multiplicaban por mil, rodaban por mis mejillas y mojaban mi almohada.

Años después, algo más crecido, con la naturalidad que te permite la confianza en unos buenos amigos, les relataba, ya sin ningún tipo de pudor la grandiosidad de nuestra ENCAMISA, y esa noche por la judería de Córdoba se podía escuchar el "PUES CONCEBIDA" que sin ningún reparo salía de mi garganta. La Mezquita, que está situada próxima a esas calles, debía de inquietarse al oír rumores de algo que se parecería a los clamores de otras "encamisas" que de seguro se produjeron en sus alrededores en siglos pasados.

Después vinieron años de Facultad, esperando que llegase el "puente" de LA PURA, para poder venir a MI PUEBLO, a vivir la ENCAMISA con mi novia, hoy ya mi mujer, con sus amigas y con mis amigos.

Finalmente, llegamos al momento actual. Intentas que ese día no te toque guardia, o si has tenido la desgracia de que así sea, te buscas a un buen compañero para que te la cambie. Es indispensable que eso dos días, el de la Encamisá y el de la Pura, los pases con los tuyos, vuelvas sobre los pasos que distes de niño y te unas a los que, como tú, son torrejoncillanos.

Pero ahora ya no soy yo, son mis hijos. Siempre he querido regresar a mi cuna. Me he sentido siempre orgulloso de quienes me trajeron al mundo, de lo que me enseñaron, de las calles y las gentes que me vieron corretear, jugar, reírme y llorar el día que tuve que marcharme.

Como pueblo, todas esas sensaciones quedan resumidas de forma muy clara en un espacio muy corto del año: LA ENCAMISA Y LA PURA. Por eso, quiero que mis hijos:

-         Vivan y sientan lo que yo sentí a su edad,

-         Recorran las mismas calles,

-         Vean las mismas lágrimas,

¡Comprendan¡

- por qué en estos días están presentes todos los que ya se fueron de nuestro lado para siempre,

- por qué, y ahora si podemos, tendemos un puente imaginario con el teléfono a los que están a cientos de kilómetros de nosotros.

Para que sus VIVAS y los nuestros sean UNO SOLO, para que unidos como una piña nos sintamos orgullosos de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos.

Quiero que, aunque un día estén lejos, sepan qué tierra les dio su sangre y con el mismo entusiasmo que nosotros lo hemos hecho, lo hagan ellos con sus hijos y con los hijos de sus hijos. De esta forma, en nosotros han sobrevivido los que nos precedieron y nosotros sobreviviremos en ellos.

Como os dije al principio, el esbozo de este pregón lo realicé en los momentos de desahogo que tuve en alguna guardia. Así, cuando llego a este punto, tengo que dejar de escribir porque de nuevo me llaman de la Urgencia. Creo que mi compañero me ha notado algo: los ojos cargados y el moquillo que asoma por la nariz. No le digo que es por la emoción que me embarga mientras trazo estas líneas. Acaba de fallecer un paciente, rodeado por el dolor de su familia me llama poderosamente la atención un detalle: en la cabecera de su cama una estampa con la imagen deLA VIRGEN,...  Y pienso: ¡siempre presente¡ cuando llegamos y cuando en el último soplo de vida   nos arrastra a su compañía.

También me viene a la mente que mi hospital tiene nombre de VIRGEN. ¡ Y cuantos hay con nombre de VIRGEN ¡: Virgen de la Macarena y del Rocío en Sevilla, Virgen de las Nieves en Granada, Virgen del Puerto en Plasencia, Virgen de la Salud en Toledo..., y tantos y tantos más.

La Medicina avanza, cada vez a pasos más agigantados, cada vez más rápido. A los que hemos querido dedicarnos a este trabajo nos cuesta cada vez mas ponernos al día. ¡Pero no hay vuelta de hoja¡, hemos nacido e irremediablemente tenemos que morir, y contra ese dramático hecho la Medicina no puede hacer nada.

Por eso, comprendo que muchos hospitales tengan nombre de VIRGEN. Por eso me parece lo más natural que, cuando paso visita, me encuentre con que en muchas cabeceras de las camas de los enfermos, aparezca algo tan humilde como es una estampa con la imagen de la VIRGEN

¿ Y cómo no?... ¡siempre presente¡, NUESTRA SANTISIMA MADRE en el doloroso trance de la muerte, ¡pero también¡ y ¿cómo no? en la alegría de haber superado una angustiosa enfermedad.

Pienso entonces en la noche que precede a la ENCAMISA. "Andar la Encamisá", recorrer calles que habitualmente muchos de vosotros y muchas veces al año hacéis... Pero no, no tiene nada que ver. Esa noche se hace en soledad, en silencio o como mucho escuchando el rosario de algunas de nuestras vecinas. Para mí, también es una noche importante, de recogimiento, separados del alboroto que se acerca en las próximas horas. Es una forma callada y serena de expresar nuestra fe hacia MARIA INMACULADA: hacemos promesas para pedir por los nuestros, los  presentes y los ausentes, damos gracias por haber podido llegar a conocer una ENCAMISA mas, o simplemente compartimos el momento con todos los que nos rodean.

 Estos sentimientos que nos acompañan todo el año, se intensifican de tal manera durante estos días, como el agua al precipitarse al vacío: siempre han existido, pero en esos instantes se dejan sentir con enorme fuerza.

Así, nuestras emociones contenidas hacia TI, VIRGEN INMACULADA, se desbordan esa noche, tenemos necesidad de que todo el mundo nos vea, que todo el mundo nos oiga, de lanzar a los cuatro vientos, con  la mayor fuerza que nos permiten nuestras gargantas, todos al unísono y sin temblarnos la voz QUE TE QUEREMOS. Cada movimiento de nuestras manos lleva todo el amor que hacia Tí profesamos, cada lágrima que escapa de nuestros ojos es la forma más humilde y que más honda nace de nuestras almas, en muestras de gratitud.

Cuando al día siguiente ya ha pasado el estruendo, y el bullicio de los que nos visitan se ha alejado, queremos presentarnos ante TI limpios, no sólo por fuera, sino por dentro. Te esperamos todos dentro de la iglesia, nerviosos, con nuestros corazones encendidos, anhelando cruzarnos con tu mirada. Cuando irrumpes en el interior del templo, nuestra voz es sólo una, nuestras manos en sus movimientos incesantes te transportan hacia el altar. Lloramos porque nos sale de dentro, como todas nuestras emociones sinceras, gritamos como sólo nosotros sabemos hacerlo:

VIVA MARIA INMACULADA

En esas pocas palabras, sencillas, como la gran mayoría de las cosas verdaderas,  repetidas una y otra vez, se encierra toda la fe que te profesamos. Cuando por fin callamos, no es por otra razón que para retomar aliento, reunir fuerzas y esperar al próximo año  para renovar nuestros ímpetus. Entre tanto, no te olvidaremos, silenciaremos nuestras bocas, pero el fuego nos quemará por dentro.

Continuaremos acercándonos a TI, MADRE INMACULADA, para pedirte por nuestros hijos, nuestra esposa o esposo, nuestros padres, hermanos o amigos, o por nosotros mismos.

Nos acercaremos a TI para agradecerte nuestras vidas. Sabemos que siempre te tendremos ahí, que jamás nos abandonarás y que si hemos de morir, estarás a nuestro lado, guiándonos, apartando de  nosotros el miedo.

Podría continuar hablando, pero no, creo que ya es suficiente. Este acto es sólo simbólico. Simbólico porque seguro que vosotros, todos los aquí presentes, tendrías muchas más cosas que decir, sentimientos más profundos que airear. Por eso, no he intentado pregonar nada, porque no os hace falta. Con mirar a cada uno es suficiente para ver que vivís la ENCAMISA, desde lo más profundo de vuestras raíces, sin que nadie os venga a recordar que lo debéis  de hacer.

Por eso, ahora y aquí, he de dar las gracias a todos los que, de una u otra forma, mantienen  viva la llama de nuestro pueblo: niños, jóvenes, hombres y mujeres, ancianos. A todos los que con su esfuerzo y trabajo diario, han conseguido que este lugar continúe siendo el de siempre. Todos vosotros debéis sentiros orgullosos porque:

- Nuestras tradiciones siguen vivas.

- Nuestras calles no han quedado solas

- Los que ya nos dejaron para siempre no han quedado olvidados. Que sepamos de qué sangre y de que sudor estamos hechos.

Esto es, en definitiva, el sentir de un pueblo, nuestra identidad como TORREJONCILLANOS.Esta es la sabia que bebimos de nuestros antepasados. Esta es la sabia que hemos de dar a beber a nuestros hijos. De esta manera, aunque muchos de nosotros ya no estemos aquí porque ELLA nos haya llamado a su lado, seguro que siempre habrá alguien que lleve con firmeza y entusiasmo ese estandarte, seguro que alguien continuará poniéndose delante de este atril, para pregonar a los cuatro vientos NUESTRA ENCAMISA.

En el último instante de este acto, para mí único y para todos entrañable, dejarme que formule mi más sincero ruego:

Que NUESTRA  VIRGEN  permita que lo aquí expuesto continúe siendo posible siempre, que nos alumbre en nuestros quehaceres diarios, y que, año tras año, podamos continuar reuniéndonos para celebrarlo y para venerarla gritando:

 

VIVA MARIA SANTISIMA

VIVA LA PURISIMA CONCEPCION

VIVA LA PATRONA DE TORREJONCILLO