Dn. Isidro Núñez Gómez

 

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Querida Madre, Presidente de los Paladines de la Encamisá, D. Emilio Núñez, miembros de la Junta Directiva de los Paladines, Sr. Cura Párroco de Torrejoncillo y diácono, Predicador del Novenario de este año, Sr. 'Alcalde, Sra. Mayordoma y esposo. 

 

Pueblo de Torrejoncillo en general que os encontráis aquí en esta noche, los que nos estáis viendo desde vuestras casas y también los que se hallen ausentes. 

 

Permitidme que dedique este Pregón a la Virgen María nuestra madre, a mi familia que se encuentra aquí presente y a los ausentes que se hayan en el cielo. También a todo el pueblo de Torrejoncillo al cual debo la fe, esperanza y caridad, en la Bienaventurada siempre Virgen María. 

 

Cuando a mitad de Octubre recibí una llamada telefónica de Emilio Núñez no sabía muy bien lo que quería, pero me entró una sospecha, sospecha que se fue descubriendo a lo largo de la conversación. Me pedía en nombre de la Junta Directiva de los Paladines que fuera el Pregonero de la Encamisa 1999. 

 

No pude dar una respuesta en ese momento porque dependía de muchas cosas, personas, responsabilidades, trabajo... Solo pedía unos días para pensarlo, consultarlo con mi Superior y realizar los respectivos cambios de turno en el Hospital. 

 

Recuerdo que al colgar el teléfono me entró en el cuerpo un temor y un temblor que fueron desapareciendo a lo largo de la noche. Noche que se hizo larga, por no decir eterna, sin conciliar el sueño, multitud de pensamientos se agolpaban en mi mente. 

 

Por una parte decía: ¡ Virgen Santísima ¡ no es el mejor momento para esto, acabo de cambiar de ciudad, de casa, de ambiente y de trabajo, y encima ser pregonero de la Encamisá 1999 con todo lo que ello conlleva, y yo aquí sin nada para prepararme, y tuve la tentación de decir ¡no!. 

 

Sin embargo, por otra, una fuerza interior me reclamaba, es tu tierra Extremadura, tu pueblo Torrejoncillo, tu Virgen la Pura. 

 

En esa lucha entre el bien y el mal, entre el si y el no, tentación que surge en todo Hombre, apareció la Palabra de la Llena de Gracia, que también Ella pidiendo explicaciones pero sin comprender el misterio, acepto la voluntad divina sin reservas, "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según Tu palabra". Y el ángel dejándola se fue. Lc 1.38. 

 

Una vez tomada la decisión un sueño profundo se apoderó de mi cuerpo. Al día siguiente al exponerlo y consultarlo en vez de encontrar dificultades, todos me favorecían dándome su apoyo. 

De nuevo Dios se revela en su Palabra' "Si yo estoy contigo, ¿Quién contra ti?". 

 

Es así como días después le hago saber mi decisión a Emilio, aún sabiendo el sacrificio y el esfuerzo que supone preparar un pregón de la Encamisa. Pero como dice San Juan de la Cruz: "Al final de la vida solo nos examinarán del Amor."

 

Permitidme también como torrejoncillano y religioso sacerdote del Corazón de Jesús que fluya en el pregón sentimientos y emociones convertidos en liturgia, oraciones, salmos y cánticos hechos con amor. Dejando aparte la Historia, Teología y Dogmática que otros ilustres pregoneros han realizado mejor que yo. 

 

Llenos de emoción contemplamos hoya la Virgen Pura e Inmaculada. Una sonrisa de amor con reflejos de cielo y claridades de aurora, flota por encima de un mundo materializado. Su belleza nos deslumbra, su gracia nos cautiva. El misterio de la pureza y de la fecundidad abisman al contemplarla. 

 

Sorprendidos y admirados nos preguntamos sus hijos: ¿Quién es esta "Mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas? (Ap. 12,1). Entre nubes de luz escuchamos una voz que nos hace olvidar la tierra. Es Ella la que canta la antifona inicial de la Misa. "Me llena de gozo el Señor. Mi alma se alegra con mi Dios, porque me ha vestido un traje de triunfo. Me ha cubierto con túnica de victoria y me ha enjoyado como a una esposa" (Is. 61,10). 

 

En las festividades litúrgicas de la Virgen, el versículo inicial de la Misa es un grito alborozado de la Iglesia, que se regocija al contemplar a su Madre. Una alabanza a María tomada de la Biblia. Una excepción es el día de la Inmaculada. 

 

Es la misma Virgen quien prorrumpe llena de fervor y entusiasmo alabando a Dios. Cantando Sus magnificencias. Nos presenta su alma en paráfrasis concisa y plástica. Revestida del Señor, derrota a la serpiente y se ofrece al Espíritu Santo como Esposa Inmaculada. Es el doble eslabón dogmático que engarza la –fiesta... María es la Mujer del Génesis que aplasta la cabeza de Luzbel y la Esposa de los Cantares que roba con su hermosura las miradas de Dios. 

 

Alegría en la batalla, esperanza en su triunfo cierto, es María para nosotros. Se dilatan los corazones... La Iglesia militante peregrina y crucificada, cada uno de nosotros, suspira en los ardores del combate por María. Sonreímos anhelantes esperando un cielo que la Inmaculada preludia con su deslumbrante pureza. ¡ Madre querida! Arráncanos de la tierra, arrástranos al cielo...Tu, toda, sola, siempre de Dios, inúndanos de alegría. Derrama toneladas de pureza y generosidad en niñez y juventud, en el mundo entero. 

 

Símbolo de lucha. Dios y Belial se enfrentan en ti. ¿Quién triunfará? El trofeo de victoria te corresponderá. "Toda hermosa eres, amada Mía, y no hay en ti mancha..." (Cant. 4,7). Tú la triunfadora de mil batallas. Aplastas con tu planta soberana la cabeza del "enorme dragón rojo con siete cabezas, diez cuernos y siete diademas" (Ap. 12,3). Derrotas a nuestro común enemigo. Ni por un momento se adueño de ti, pues eres Inmaculada desde el primer instante. Tú, entre todos los mortales, disfrutas privilegio único. Las aguas encenagadas del primer pecado no te anegan en tus ondas.

 

Si, toda hermosa eres, María y no hay en ti mancha original. "Dios te salve, María, llena de gracia". Un eco suavísimo resuena en el corazón al pronunciar este día las palabras del ángel: "Dios te salve, María. Llena de gracia..." (Lc 1,28). El misterio de la eterna calma y de la eterna virginidad. Pura, intacta, incontaminada. Tus hijos a una cantan tus glorias y se regocijan en la más grande e íntima de tus fiestas. "Dios te salve, María, llena de gracia... Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original". 

 

Símbolo de lucha, trofeo de victoria también para nosotros tus hijos. Tú combates en nosotros, tú triunfas de la materia, tú derrotas la carne, arruinas el mundo, desarmas a Lucifer. Hoy como ayer, sigues escribiendo en al tierra tu historia incomparable de Virgen la más pura, de Madre la más fecunda. Sigues triunfando del cuerpo y afirmando la primacía del espíritu en tus hijos. Pasan imperios, teorías, mundos enteros, pero tú quedas en pie. 

 

Eres Madre de la Iglesia. Lo proclamó Pablo VI al clausurar la tercera etapa del Vaticano 11 e121 de Noviembre de 1964. "Para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, de todo el Pueblo de Dios, tanto de fieles como de pastores, que la llaman Madre amorosa. Queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título" (n. 10). 

 

Salve, Madre Inmaculada... "El Señor, Dios Altísimo, te ha bendecido más que a todas las mujeres de la tierra" (Jdt 13,18). "Tú eres la gloria de Jerusalén", de la Iglesia. "Tú eres la alegría de Israel", el pueblo santo de Dios. "Tú, honra de nuestra nación, orgullo de nuestra humanidad..." (Jdt 15,9). Hundida en la materia, asfixiada por el naturalismo que nos aprisiona, respira con gozo en este día. Vislumbra en ti esperanza de Resurrección y Vida para un mundo muerto, carcomido por el egoísmo. Cataratas de pureza y valentía generosa derramarás tú sobre unos hombres sedientos de felicidad. No saben dónde encontrarla, pues no aciertan a descubrir solo en ti, el camino hacia Dios, "Via Dei" (S. Agustín). Es el atajo único que nos acerca al Señor acallando nuestras nostalgias de amor. 

 

Cada átomo, cada rosa son expresión de un pensamiento preexistente desde toda la eternidad en la mente de Dios. Todas las cosas por debajo del hombre son la realización de un modelo. Un árbol es de verdad árbol porque corresponde a la idea que Dios tiene de un árbol. Una flor es una flor porque es la idea que Dios tiene de una flor, con su química sencilla y complicada, sus tintes y colores, fragancias y perfumes.

 

        Con las personas, en cambio, no ocurre lo mismo. Dios tiene de nosotros dos imágenes. Lo que somos, lo que El quería que fuésemos. El Señor posee el diseño y la realización, el plano y el edificio, la partitura musical y su ejecución. Nuestra debilidad e inconstancia nos impiden realizar con perfección el croquis, el plano, la partitura. 

Una sola persona humana hay entre todas las creadas, María, de la que Dios posee una sola imagen, un solo pensamiento. En la Virgen reina una perfecta conformidad entre lo que Dios pensó que fuese y lo que es en realidad. Es su bendita y santísima Madre, la Inmaculada. Nosotros nos quedamos debajo de la marca. No alcanzamos la estatura querida por Dios para nosotros, no colmamos plenamente las esperanzas que el padre del cielo concebía sobre cada uno. La Virgen si que ha alcanzado plenamente la marca, ha conquistado la meta. ¡ Salve, llena de gracia, bendita entre todas las mujeres...! Única , excepcional, fuera de serie... Tú sola, entre todas las personas, llenas las ambiciones divinas. Tú sola puedes cantar el salmo 29: "Te ensalzaré Señor, porque me has librado, y no has dejado que mis enemigos se rían de mí”. 

La Virgen es de carne y hueso como nosotros. Plasma la idea que Dios se había forjado de Ella. El boceto y la realidad coinciden. María es todo lo que fue previsto, imaginado y soñado. La melodía musical de su vida es la perfecta interpretación de la partitura original. 

Al acariciar Dios en su mente divina la creación del mundo, contemplaba también su Redención en Jesucristo. Veía a su Madre, pues sin Ella no se hubiese realizado el plan divino de la Encarnación. Las palabras del libro de los Proverbios aluden directamente a la Sabiduría increada, Jesucristo, fin y ejemplar de la creación. La tradición cristiana sin embargo, las aplica también en sentido figurado a María, asociada desde siempre al plan redentor. La silueta luminosa y radiante de la Virgen Inmaculada brillaba en la mente divina desde toda la eternidad. 

 

"El Señor me estableció al principio de Sus tareas, al comienzo de Sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui concebida". 

 

         "No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo. Cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo, ponía linde al mar y asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a El, como aprendiz. Yo era su encanto cotidiano. Todo el tiempo jugaba en Su presencia. Jugaba con la bola de la tierra y gozaba con los hijos de los hombres" (Prov 8,22-31). 

 

Es la Inmaculada en los designios eternos de Dios. Cuadros deliciosos y encantadoras efigies en la historia del arte, nos iluminan a la Virgen. Cuando deslumbrados por sus grandezas, anonadados por su gloria, nos sentimos desfallecer, Ella continua hablándonos con encantadora sencillez y cariño de Madre. Nos invita a acercamos. "Ahora, hijos míos, escuchadme. Dichosos los que siguen mis caminos. Atended al consejo y sed sabios, no lo despreciéis. Feliz el hombre que me escucha, y vela a mi puerta cada día, y permanece asiduo en sus umbrales. Quien me halla alcanzara la Vida y goza del favor del Señor" (Prov 32-35). 

 

 ¡Salve, Madre Inmaculada! Tus hijos te contemplan hoy con emoción. Celebran en intimidad hogareña la festividad más entrañable y más grande para la familia. ¡Salve, Madre Inmaculada! Te saludamos como lirio teñido por la púrpura del Espíritu Santo. Creces entre espinas, pero embalsamas con perfumes el corazón de cuantos te alaban con alma pura y Sincera. 

Aclamamos dando gracias a Dios "porque te libró de toda mancha de pecado original". En "la plenitud de la gracia, eres digna Madre del Hijo de Dios. Comienzo e imagen de la Iglesia, Esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura". 

 

En la Misa explayamos nuestra fe cantando. "Purísima tenia que ser, Señor, la Virgen que nos da el Cordero Inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplar de santidad". (Prefacio). 

 

Una espléndida verdad de fe proclamamos en la Misa al afirmar que María fue redimida con antelación por los méritos del sacrificio de Cristo. "¡Oh Dios! Preparaste por la Concepción Inmaculada de la Virgen María, una digna morada a Tu Hijo. En previsión de Su muerte la preservaste de todo pecado. Concédenos por su intercesión llegar a Ti limpios de nuestras culpas". (orac. Col.) 

 

San Ambrosio apunta certero. "Aquella a quien Dios Padre debía dar Su Hijo Unico, convenía que brillase con pureza sin igual, la mayor después de Dios. Y con una Belleza tan grande que es imposible imaginaria mayor". 

 

"Los sacramentos recibidos", pedimos con la liturgia al Señor Dios Nuestro, "cicatricen en nosotros las heridas del pecado original del cual preservaste de modo singular a la Inmaculada Virgen María" (orac. Com.) 

 

"¡Dios te salve María!" repitamos alborozados con S. Proclo, Patriarca de Constantinopla, que tanto destaco en la lucha contra Nestorio. "Augusto santuario de la impecabilidad, templo de Dios sacrosanto". "Si, - agregamos con Juan Damasceno- eres templo santo todo brillante construido por Dios, no con oro, sino con la Luz del Espíritu Santo". 

 

II 

 

Un capítulo particular es la celebración del Gran Jubileo del año 2000, que tendrá lugar contemporáneamente en Tierra Santa, en Roma y en las iglesias locales del mundo entero. Sobre todo en esta fase, la fase celebrativa, el objetivo será la glorificación de la Trinidad, de la que todo procede y a lo que todo se dirige, en el mundo y en la historia. 

 

A este misterio miran los tres años de preparación inmediata: desde Cristo y por Cristo, en el Espíritu Santo, al Padre. 

 

En este sentido, la celebración jubilar actualiza y al mismo tiempo anticipa la meta y el cumplimiento de la vida del cristiano y de la Iglesia en Dios uno y trino.

 

Siendo Cristo el único camino al Padre, para destacar su presencia viva y salvífica en la Iglesia y en el mundo, se celebrará en Roma, con ocasión del Gran Jubileo, el Congreso Eucarístico Internacional. El 2000 será un año intensamente eucarístico: en el sacramento de la Eucaristía el Salvador, encarnado en el seno purísimo de María hace veinte siglos, continua ofreciéndose a la humanidad como fuente de vida divina. 

 

La eucaristía es el alma de la Iglesia. Es el corazón vivo de las grandes catedrales, así como de las pequeñas y pobres cabañas de misión. Pero alIado de la eucaristía, la piedad de los fieles pone siempre la imagen de la Virgen. Es decir, María es vista como asociada a Cristo su Hijo en la comunidad que celebra la eucaristía. Ella hace referencia esencial y continúa al Cristo eucarístico, como queriendo subrayar la necesidad de alimento espiritual y de comunión, provenientes del sacramento de la eucaristía. Es lo que sucede en las peregrinaciones marianas y en los santuarios marianos, donde todo esta centrado en la eucaristía, fuente y cumbre de toda piedad y espiritualidad mariana. La Iglesia, por eso, no celebra nunca la eucaristía sin invocar la intervención de la Madre del Sefior. En cada Misa, María ofrece como miembro eminente de la Iglesia no solo su consentimiento pasado en la Encarnación y en la Cruz, sino también sus méritos y la presente intercesión materna y gloriosa (Marialis, cultus 20 ). 

 

La encíclica "Redemptoris Mater" de Juan Pablo II afirma que la maternidad espiritual de María "ha sido comprendida y vivida particularmente por el pueblo cristiano en el sagrado banquete, celebración litúrgica del misterio de la Redención, en el cual Cristo, su verdadero cuerpo nacido de María Virgen, se hace presente" (Rma 44). Y continua así: "Con razón la piedad del pueblo cristiano ha visto siempre un profundo vinculo entre la devoción a la Santísima Virgen y el culto a la Eucaristía, es un hecho de relieve en la liturgia tanto occidental como oriental, en la tradición de las familias religiosas, en la espiritualidad de los movimientos contemporáneos, incluso los juveniles, en la pastoral de los santuarios marianos. María guía a los fieles a la Eucaristía" (Rma, 44). 

 

Este oficio carismático de María, no solo no aleja al cristiano de Jesús, sino que lo guía maternalmente a la comunión sacramental con Él, como ofrenda de gracia para una vida cristiana, de testimonio armónico y fuerte. 

 

Ya en el antiguo templo parroquial de San Andrés, no el actual, se hallaba en el altar mayor un retablo con las imágenes de San Andrés y Santiago y una custodia de madera dorada "muy buena" con la Virgen María, San Pedro y San Pablo. En otros retablos laterales, la Virgen del rosario, Nuestra Señora de la Concepción y la Virgen de la Soledad. 

 

Vemos, como nuestros antecesores unieron de forma singular el culto a la Eucaristía junto a la devoción a María, Madre de Dios, en el misterio de su Inmaculada Concepción. 

 

Posteriormente, en el actual templo parroquial, en el retablo mayor, que no es el retablo barroco que nosotros conocemos, sabemos que en el altar mayor había un retablo tallado a cincel y abierto con la imagen de San Andrés, y debajo unos murales pintados por Juan de Ribera. De ellos se conserva únicamente el de San Francisco y San Antón, y un fragmento casi totalmente borrado, cuyo motivo no hemos conseguido esclarecer por la altura y oscuridad. Pudiera ser un Pantócrator o una Anunciación. 

 

En ambos retablos laterales seguían encontrándose Ntra. Sra. Del Rosario y Ntra. Sra. De la Concepción, en cuyo retablo estaba el sagrario, y aún hoy se conserva, hasta que se instaló en el del Sagrado Corazón de Jesús. 

 

            Por todo esto, con razón canta el pueblo: "Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, y la Virgen Concebida sin pecado original". 

 

Y es que una cosa es cierta: La verdadera devoción a la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concepción nos lleva al sacramento de la Eucaristía, fuente y cumbre de vida cristiana. 

Por eso: "Cada uno es invitado a hacer cuanto esté en su mano para que no se desaproveche el gran reto del año 2000, al que esta seguramente unida una particular gracia del Señor para la Iglesia y para la humanidad entera". (Juan Pablo II, TMAd, 55) 

 

III 

 

Noche del 30 de Noviembre, todas las campanas al vuelo repican sin cesar, estas noches mejor que nunca, anuncian el comienzo del solemne Novenario en honor de la Pura. Se oyen los primeros cohetes y salvas de escopetas, que días anteriores todos los hombres torrejoncillanos han cargado de pólvora con amor. 

 

Recuerdo que siendo niño y viendo a mi padre cargando los cartuchos de pólvora y papel en el "sobrao", me dijo: "Mira, hijo mío, estos son los vivas que el hombre tira a la Purísima Concepción". 

 

Poco a poco se va llenando el templo, a todos nos sorprende el trono donde esta la Madre de Dios, siempre nuevo, distinto, orgullo de Torrejoncillo, hecho con amor, en el cual uno se recrea y goza y nunca se cansa de pensar en tu misterio Purísima Concepción".

 

La novena empieza y a medida que pasan los días se van intensificando las oraciones, plegarias, cánticos y vítores que fluyen en emoción cuando se canta: "Pues concebida, fuiste sin mancha, Ave María, llena de gracia". 

 

Recuerdo, que en el coro de pequeño, cogido a la mano de mi hermana Merche, aprendí de su garganta las bellas plegarias que se cantaban y se cantan: "Querida Madre, Virgen María", "Madre del alma mía", "Bendita sea tu pureza". ..etc. 

 

Plegarias y cantos que todos llevamos grabados en nuestro corazón como si se tratasen del mismísimo nombre de nuestra madre. 

 

Casas alborotadas en estos días, llenas de coquillos y dulces, de sabanas blancas, limpias y planchadas, de sayas y pañuelos del gajo que vestirá la mujer torrejoncillana, al igual que tu Estela y Sandra, para ofrecer con las flores su alma, vida y corazón por ti Purísima Concepción. 

 

Víspera de la Encamisa, hay que "andar la Encamisá". Son las doce de la noche. La procesión recorre el mismo itinerario. Esta es menos conocida y más silenciosa. Se llama del silencio o penitencia. Asisten las personas con luto y de no luto, algunas descalzas, que quieren rendir a la Virgen el homenaje de sus penas, sus lagrimas, la soledad y el doloroso silencio. 

Gallego Cepeda le dedicó estos versos:

 

Revivir de un viejo rito 

lleno de fe y de pasión, 

módulo eterno, infinito 

del amor que por ti sienten, 

¡ Purísima Concepción ¡ 

Noche de estrellas perladas 

con lágrimas de rocío, 

va la procesión callada 

de penitencia inflamada 

loca de amor y de frío.

 

Más tarde, entrada la madrugada, el vecindario se reúne con faroles y rosarios, encabeza la procesión tía Petra, rezando el Santo Rosario, misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, letanía y salve. Tocamos la puerta. Son promesas realizadas, deseos incumplidos, ausencias añoradas.Torrejoncillo se siente orgulloso de la profunda garra de fe y amor mariano que entraña la típica fiesta de la Encamisá, digna de que un genio la cante con sus versos. a canta Gallego Cepeda con sus versos sonoros y vibrantes: 

 

Noche de la Encamisá 

ebria de pólvora y luna, 

ancestral evocación 

que vierte fuego en el alma 

de nuestra raza moruna.

 

La Encamisá es una noche de fe, oración, fervor inmaculista, esperanza y homenaje al misterio de la Concepción Inmaculada de María. 

 

El día 7, después de la novena, se inicia la vistosa y nutrida cabalgata. Sus jinetes se envuelven en amplias sabanas blancas, portando faroles. 

 

El mayordomo viste sabana blanca adornada con profusión de estrellas en tomo a la figura de la Inmaculada. Escoltado por su noble guardia llega al templo parroquia!. Multitud de público esperan entusiastas. Se impone un silencio automático. Es el momento de la sublime emoción, cuando el mayordomo recibe el estandarte sagrado, que es un tesoro de fe, un testimonio de incontables súplicas y promesas, testigo de lágrimas y heroísmos. Porque es la historia de Torrejoncillo, el sentir de muchos miles de paisanos y devotos. Y el agitado latir, vigoroso y solemne de una multitud de corazones embriagados de ilusión, santo orgullo y apasionado amor mariano. 

 

Un sacerdote aproxima a la puerta del templo el sagrado estandarte. Repican las campanas, arden los cohetes, estallan las salvas atronadoras, aturden los ¡vivas!. Se humedecen los ojos, se anudan las gargantas, ruedan muchas lágrimas. Tembloroso, el mayordomo recibe el sagrado símbolo, mientras el espacio se llena de ecos vibrantes de canciones piadosas, marianas y dogmáticas:

 

Pues concebida 

fuiste sin mancha 

Ave María 

llena de gracia.

 

Estandarte celeste que reza así: "Toda Pura eres María, en ti no hay mancha de pecado original". "Tú eres la gloria de Jerusalén, la alegría de Israel, el orgullo de nuestro pueblo". En medio tu imagen sagrada rodeada de cientos de ángeles, caras de mis estampas mandadas recortar por mi madre, cosidas y pegadas por sus delicada manos; manos que veo en tus manos, rostro que veo en tu rostro, ángeles que me anuncian: "No llores pequeño, tu madre esta con nosotros y junto a la reina del cielo". 

 

Ya la briosa cabalgata recorre las calles del pueblo. No cesan los cohetes de iluminar el espacio oscuro de la noche fría de diciembre. Los de a caballo son seguidos por la multitud vitoreando a la Inmaculada Madre de Dios. 

 

Llegas a nuestro encuentro cuando pasas por el comercio. Toda la familia se reúne para saludarte, cantarte o vitorearte. Recuerdo mi infancia cuando mi hermano Vicente y yo lanzábamos nuestras alegres salvas. Mi juventud alejada por seguir a tu Hijo, quien es hoy mi amor y mi esperanza. Mi madurez  resignada, porque a pesar de llevarte tan joven a quien amaba, sé que se encuentra contigo bienaventurada. 

 

La apoteosis culmina en la plaza, que hierve de paisanos y forasteros. Con enorme expectación de todos, el mayordomo se acerca al templo y emocionado entrega el estandarte de la Inmaculada Concepción, entre aclamaciones y vítores delirantes. Luego, todo es calma... 

 

            ... Calma que irrumpe la Inmaculada. Lenta y solemnemente aparece tu imagen sagrada. Todo tu pueblo te espera, te venera, te ama. Recorres sus calles y plazas, y por ellas vas derramando tu Gracia.

 

 Nos conduces a la Iglesia madre y maestra, y en ella nos entras como describe el salmo: 

Ya entra la princesa, bellísima 

vestida de perlas y brocado, 

la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes 

la siguen sus compañeras, 

la traen entre alegría y algazara, 

van entrando en el palacio real. 

 

Quiero hacer memorable tu nombre 

por generaciones y generaciones 

y los pueblos te alabaran 

por los siglos de los siglos. (Salmo 44) 

Dios te salve María, Hija de Dios Padre.

Dios te salve María, Madre de Dios Hijo. 

Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo 

Ahora y siempre y por los siglos, Torrejoncillo 

Te alabe, aclame, vitoree y cante.

 

¡ VIVA MARIA SANTISIMA¡

 

¡ VIVA LA. REINA DE LOS ANGELES ¡

 

¡ VIVA LA PURISIMA CONCEPCION ¡

 

¡VIVA   LA PATRONA DE TORREJONCILLO ¡