¡En directo! Emisión en directo de la Noche de la Encamisá. Torrejoncillo - 2018. Emisión de TTV y el recorrido.

Dña. Silvia Simón Sánchez

 

silvia 

Dignísimas autoridades, señores mayordomo de la Purísima, queridos paisanos: 

Por amable invitación de la directiva de los Paladines de la Encamisá, me coloco hoy ante vosotros, a la vez con temor y confianza, dispuesta a intentar exponeros el tradicional pregón. 

Nos encontramos ya  en el umbral de la Encamisá y aún resuenan en muchos oídos las salvas y los gritos del año anterior; pues bien, vamos a hacer un esfuerzo e intentar no dedicarnos a lo que sería lo más fácil, recordar la historia de la Encamisá, ya que para mí esto resultaría sin duda lo más sencillo. Lo más difícil, en cambio, es decir con palabras algo que es un sentimiento que forma parte de mi vida, lo mismo que os ocurrirá a todos vosotros los torrejoncillanos. A todos, desde que nacimos, nuestros padres nos iban enseñando el amor a la madre, a la Pura, como se la llama aquí cariñosamente; y si no, recordar cómo muchos padres llevan a sus hijos, que apenas saben andar, con una sábana recorriendo la procesión de la Encamisá, y muchas madres, con sus pequeños en los brazos, van a la plaza a ver salir a la Virgen, y al oído, aunque los niños todavía no lo entiendan, les dicen: “¡Mira, mira, que sale el estandarte de la Virgen! Y lo mismo la noche antes de la Encamisá, que en pandillas recorren las calles por donde ha de ir la procesión, rezando el rosario; y esto es el amor que unos padres ponen para que sus hijos, de mayores, amen a la Virgen María. 

Por todo esto, y por más, yo titularía a esta fiesta la fiesta del amor. 

Si esta noche pudiéramos ver a la Madre, María, nos daríamos cuenta de lo contenta que debe estar, con el corazón esponjado de alegría viendo a sus hijos llenos de amor hacia ella, y diciendo ¡Por fin, mi inmaculado corazón triunfa!; porque esa noche es la noche de los piropos a la Madre que nos ama, que nos quiere, que se le cae la baba con sus hijos. Y a este propósito recuerdo ahora lo que en cierta ocasión me contó un amigo mío: En una conversación con un marroquí musulmán, y sobre el tema de la religión, éste le dijo: “No te quejes, pues vosotros tenéis algo que a nosotros nos falta; una Madre, María.” 

En esa noche cada corazón es un mundo de emociones diferentes. Unos ríen, otros cantan y otros dejan correr las lágrimas, porque son fechas en las cuales se nota mucho la falta de los que ya nos dejaron, y son lágrimas del más puro amor; es el momento en el que se le pide a la Madre amparo y gozo para los seres queridos; es una petición que hacemos a quien sabemos que nos ama y nos comprende. 

Me gustaría que es esta mañana mis palabras fueran encaminadas principalmente a una idea: el amor. Estamos cansados de oír que se busca la felicidad, y muchos dicen que no son felices; y esto es porque la felicidad que se busca no es la auténtica, sino el sucedáneo de la verdadera, y esa felicidad es caduca y pasajera;  la verdadera felicidad es otra, no se puede comprar, no tiene precio, es algo más sencillo, es amor hacia la Madre que no quiere, que nos alienta en los momentos difíciles y que nos toma como niños en su regazo; es ese amor que nos invade por completo. Pues bien, este amor está al alcance de todos, y para alcanzarlo sólo se requiere una cosa: pedírselo a María con interés. 

Pero a la vez sería ingenuo negar la reiterada presencia del dolor, del desánimo, de la tristeza y de la soledad durante nuestro peregrinar terreno; pero contamos con algo grande, la fe, la cual nos enseña que todo lo humano si queremos tiene también un sentido divino, propio de la llamada que nos lleva a la casa del Padre. Para ejemplo y consuelo el Padre nos envió a una mujer humana, para que nos enseñara el camino, y ella, que es Madre, no se olvida nunca de sus hijos, que requieren su ayuda en los malos tragos o en los simples trabajos diarios; además, como ella fue muy humana, quiere que seamos uno entre todos, que seamos cristianos corrientes, no melindrosos ni tristes, amigos de todos, con palabras siempre amables para quien nos escuche, sin prisa, pero sin perder tiempo en bagatelas. Nos quiere alegres, pues acordaos de lo que ya decía Santa Teresa: UN santo triste es un triste santo; y la tristeza no es lo que enseñó María. 

Pero no todo va a ser pedir; tiene que haber una correspondencia con ella; con el mismo cariño que nosotros tratamos a nuestros hijos, así lo tenemos que hacer con María, nuestra Madre. 

María santificó a su paso por la tierra los pequeños detalles; y que muchos consideran erróneamente intrascendente y sin valer, como son todos los trabajos. Por ejemplo: para el campesino labrador saber hacer bien hecho el surco y brindárselo a María como lo haría un torero en la plaza, y con ello darle gloria a Dios; o el trabajo de una oficina, como el caso de aquel muchacho, que al abrir la ventanilla por la mañana decía: “Cristo y yo abrimos la ventanilla”; o el ama de casa, para la que no hay horas, haciendo todo con alegría. Los pequeños detalles diarios los haremos pensando en dar gloria a Dios con ellos. 

Algunos de los presentes tal vez recordéis aquello que nos contó cierta persona: un chico iba todos los días a la iglesia, se sentaba en un banco y después de un rato se iba sin decir nada; y esto ocurrió durante mucho tiempo. Hasta que el párroco, intrigado, un día preguntó qué le decía al Señor. Y aquel, con una santa fe, le contestó: “Nada, sólo le digo: Señor, aquí está Juan”. Y eso mismo tenemos que hacer nosotros cuando nos encontremos con pocas ganas de hablar. Decir lo mismo que Juan. 

Hablar de la Virgen, de María, es lo más grande que existe, y yo me pregunto: ¿Qué tendrá esa mujer cuando pintores como Murillo y Rivera, escultores afamados, y poetas como Berceo, la pintaron, esculpieron y cantaron, diciendo cosas tan maravillosas de ella? Y así Berceo, para hacerse entender, recurrió a metáforas y figuras literarias para que le comprendieran: nos cuenta cómo un romero disfruta de las delicias de la sombra y el agua de la fuente, que brota fría en verano y caliente en invierno, el trinar de los pájaros, etc., etc. Las delicias de María no hay palabras para describirlas. 

A mi me ocurre lo que a muchos escritores, que considero tal la maravilla que no encuentro frases para explicar las grandezas de la Madre; y es que Ella es amor, y éste es un sentimiento imposible de explicarlo con palabras humanas. 

Ahora sí que podemos darnos cuenta por qué dije que esta fiesta la considero la fiesta del amor, porque es mariana, y su protagonista es todo amor, y del más puro. 

En la fiesta de la Encamisá todo tiene un significado; incluso el más pequeño detalle, todos sabemos que los encamisaos van con sábanas blancas y este color es el símbolo de la pureza. Pues bien, podían (cuando se creó) haberse vestido con colchas e ir cada uno de su color; pero no, van todos de blanco, el símbolo de la pureza. 

Y sobre este tema de la pureza de María nos hablan repetidamente los Papas. Así, Pío IX ya dijo:“María fue revelada por Dios y por tanto debe ser creída por todos los fieles” (Bula “Ineffabilis Deus”, del 8 de diciembre de 1854, proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción); y Paulo V fue quien dijo: “María  fue la llena de gracia” También se habló de ella en el Símbolo Niceo y en el Concilio Vaticano II . Por lo tanto, si vemos que los no creyentes admiran y hablan de Marís, y la Iglesia lo confirma como dogma de fe, será que algo muy grande tenemos por Madre. 

Otro aspecto ya, finalmente. María mediadora de todas las gracias. Sái como se puede llegar al Padre a través de Cristo, a Cristo llegaremos más fácilmente a través de su Madre, María. Asdí lo afirmó León XIII en la Encíclica “Octubre mense”, de 22 de diciembre de 1891. Y el Concilio Vaticano II nos dice que María no sólo aceptó fielmente el momento de la Anunciación y que se mantuvo sin vacilación hasta el momento de la consumación en la cruz, sino que continúa alcanzándonos gracias ahora desde el cielo con su amor materno, y se preocupa de sus hijos. 

Ya veis por qué esta fiesta es la fiesta del amor; amamos la Encamisá porque la Encamisá es María, y María es amor. 

Y por fin, para terminar, lo haré con los vivas tradicionales que esta noche se escuchan en Torrejoncillo: 

¡VIVA MARÍA INMACULADA! 

¡VIVA LA DEFENSORA DE LA FE! 

¡VIVA LA PATRONA DE ESPAÑA!