¡En directo! Emisión en directo de la Noche de la Encamisá. Torrejoncillo - 2018. Emisión de TTV y el recorrido.

Dña. María Jose María Martín MorenoMaríaJoseMM

 

Virgen Santísima
Reverendos Sacerdotes
Sr. Presidente de Paladines y Junta Directiva
Sr. Alcalde
Sr. Portaestandarte y familia
Querida Oferente

 

Señoras y señores, es un lujo y un privilegio estar tan bien escoltada. 

Resulta imposible tratar de describir el conjunto de sentimientos, la emoción, el compromiso y la enorme alegría que me embargan en estos momentos. 

Para una torrejoncillana como yo, que siente y vive plenamente todo lo de su pueblo y, de una forma particular, lo relativo a la Pura y a nuestra entrañable y amada fiesta de La Encamisá, es una gran responsabilidad que me hayáis otorgado el honor y la distinción de hacerme pregonera de mi querido pueblo, de este pueblo que me vio nacer. Me siento muy honrada por ello y mi gratitud es infinita. 

La noche en la que me anunciaron que sería pregonera lo único que tenía previsto era acudir la cena para tomar posesión como miembro de la nueva  junta directiva de San Antonio.  

Cuando volvía a casa, ya un poco tarde, recibí una llamada al móvil. No se me hizo raro que fuera la Asociación de Paladines, ya que andaban inmersos en el tema de la inscripción en el Registro de Asociaciones. En esa llamada, realizada con engaño y premeditación,  me pedían el favor de acercarme a la Sede de los Paladines, pues algo del tema de la  inscripción no les había quedado claro “¡Qué horas son estas para realizar una consulta!”-  pensé.  

Ya en la Sala de Juntas de Paladines, me puse a revisar la documentación buscando un certificado y al pasar hoja tras hoja de repente, leo escrito a mano en un folio con letras grandes:

“Eres la Pregonera de la Encamisá 2012, Enhorabuena”.

Estaba claro y no había dudas pues lo ponía bien grande: “Eres la Pregonera”. La Junta de Paladines me miraba esperando mi reacción  ¡No me lo podía creer! Mi corazón latía acelerado,  y casi hubiera preferido en ese instante tener solucionar algún error relativo a la inscripción. 

En aquel momento me disteis un mérito inmerecido, pero que con toda humildad acepté emocionada, conociendo la importancia de la distinción que se me hacía. Porque considero que ser Pregonera de la Encamisá no es cosa menor. Para mí ser elegida como tal representa el mejor regalo que podía recibir.  

Si me permitís un consejo, querida Junta Directiva. Es mejor que esta noticia la comuniquéis temprano por el día y no esperéis a la noche, pues avocáis al anunciado a una larga noche de insomnio. Yo escuché aquella noche todas y cada una de las campanadas del reloj de la iglesia.  

Sé que esto ha sido una nueva confabulación entre San Antonio y la Virgen, pues por circunstancias siempre están unidos  en los acontecimientos más importantes de mi vida. 

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que PREGONAR es: Publicar, hacer notorio en voz alta algo para que llegue a conocimiento de todos. Según esta definición, me dije: “Si esto es así, yo lo de pregonar la Encamisá ya lo he hecho miles de veces” ¡A cuanta gente no habré invitado a nuestra fiesta! Además teniendo en cuenta que mi marido y su familia son de Valladolid, os podéis imaginar la de veces que ya he “pregonado la Encamisá”. 

Pero este pregonar es distinto;  nada tiene que ver el explicar a los que no son de aquí qué es la Encamisá, con pregonar ante el pueblo mariano por excelencia, ante la gente de siempre, que la vive, que la siente y ante quienes me han precedido en esta labor. 

Por esto, ruego disculpéis mi osadía de haber aceptado tan gran honor.

Hace algo más de dos mil años en Nazaret, una aldea entonces muy pequeña de Galilea, a la joven llamada María sus padres, siguiendo la costumbre de la época ya le habían buscado marido. 

Un día al atardecer, se encontraba sola en casa, cuando recibió la visita inesperada  del Arcángel Gabriel  anunciándole que sería Madre de Dios, a lo que María dijo SÍ, respondiendo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. 

Así comenzó todo, aquel sencillo SÍ convirtió a aquella joven en Madre de todos nosotros.

Esta Concepción Inmaculada de María, fue festejada desde el principio. Los primeros cristianos celebraban la antigua fiesta de la Concepción de Santa Ana que tuvo su origen en los monasterios de Palestina, convirtiéndose con el paso del tiempo en la fiesta de la Inmaculada Concepción y desde allí esta devoción se expandió al resto mundo, llegando a España en seguida.

Desde el comienzo de la Edad Media, la doctrina de la Inmaculada Concepción tuvo especial importancia en España, devoción que fue continuada fervientemente por los Reyes Católicos. Esto hizo que se extendiera por toda la península cuando España acabó unificándose bajo su reinado.

Los inmaculistas españoles estaban empeñados en que la doctrina alcanzase el rango de Dogma. Durante el siglo XVII cobró especial intensidad la devoción española a la Inmaculada Concepción, siendo numerosas la peticiones que desde España se enviaron a Roma para que el Dogma fuera proclamado.

Peticiones que en algunas ocasiones era realizadas en forma de poema, como la que realizó el escritor de la época D. Antonio de Solís y Rivadeneyra solicitando al Papa Inocencio X la declaración del Dogma de la Inmaculada con estos versos: 

¿Qué aguardas, grande Inocencio?
Mira la especiosa oliva,
de las armas de la Fe en tu Paloma benigna.
Mírala en los atributos de María,
Califique, pues, tu voz esta verdad tan crecida,
pues la misma gracia a voces pide que la hagas justicia.

 

Estas repetidas peticiones, no fueron escuchadas hasta a mediados del siglo XIX. El Papa Pío IX se decidió a dar el último paso para la exaltación de la Virgen, definiendo el Dogma de su Concepción Inmaculada. Dicen, que en las tristísimas circunstancias que por aquellos días  atravesaba la Iglesia, en un día de gran abatimiento, el Pontífice decía al Cardenal Lambruschini: «No le encuentro solución humana a esta situación», y el Cardenal le respondió: «Pues busquemos una solución divina, defina Su Santidad el Dogma de la Inmaculada Concepción». 

Mas para dar este paso,  el Pontífice necesitaba conocer la opinión y parecer de todos los Obispos, pero al mismo tiempo le parecía imposible reunir un Concilio para la consulta. La Providencia le salió al paso con la solución. Una solución sencilla, pero eficaz y definitiva, podía conocerse la opinión del episcopado consultándolo por correspondencia epistolar. Así se hizo y al poco tiempo el Papa pudo conocer el parecer de toda la jerarquía. 

Sería el día 8 de diciembre de 1854, rodeado de una solemne corona de 92 Obispos, 54 Arzobispos, 43 Cardenales y de una inmensa multitud de fieles, cuando Pío IX definía como Dogma de Fe el gran privilegio de la Virgen:

 

«La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su Concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por Dios, y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles». 

II

 

Somos nosotros, los torrejoncillanos, los que mejor damos testimonio de nuestra Fe, de María, de su Inmaculada Concepción. Desde el momento en que nacemos, nuestros padres, nuestros abuelos, nuestro pueblo nos transmite el Amor a María. 

A los Torrejoncillanos al nacer, el Arcángel Gabriel también nos anuncia que nacemos en el pueblo mariano por excelencia, el  que ama, el que venera a su Pura, el que le canta: 

“Oliva verde, Rosa fragante, Aurora Hermosa,  Judith Valiente”.

 

Pero el amor se manifiesta con obras más que con palabras. Si uno dice que tiene Fe, pero no viene con obras ¿De qué le sirve?

 

Y es ese, el Amor a María, transmitido desde niños el que se manifiesta en nuestro compromiso de ayuda al prójimo, compromiso que existe entre tus gentes Torrejoncillo, pueblo artesano, laborioso, de zapatos, de orfebrería, de labores del barro. Un pueblo que es mucho más que sus habitantes. Es una comunidad de espíritus cercanos, de afanes, de alientos, de fuerzas comunes.

 

Así es nuestro pueblo.

 

En Torrejoncillo cumplimos devotamente con lo que Alfonso X El Sabio recogía en sus Partidas y que me parece una preciosa definición de pueblo, como: El ayuntamiento de todos los hombres comunalmente; de los mayores y de los menores y de los medianos, pues todos estos son menester y no se pueden excusar, porque se han de ayudar unos a otros para poder bien vivir y ser guardados y mantenidos”. 

Torrejoncillo, tu plaza mayor, testigo de tantos aconteceres, alegrías y gozos, luces y sombras, sueños y esperanzas. Tu plaza, ágora de tanta vida, años y siglos, donde soñaron como nosotros nuestros antepasados,  cada año y de una forma no conocida en ningún otro sitio, el 7 de diciembre se llena de inenarrable espíritu de devoción, amor y cariño a nuestra Pura. 

Torrejoncillo es mucho su plaza, como su plaza es mucho la vida de este pueblo. En ella hemos jugado al pañuelo, al escondite, a la pelota, en aventuras inolvidables. 

Un Congreso menor en donde se habla y debate de todo contribuyendo a la transmisión de nuestra cultura y tradiciones. 

Torrejoncillo es ejemplo de bondad y generosidad en nuestra Diócesis, generosidad que se refleja a través de Cáritas Parroquial,  cualquier acto o campaña que se organiza es un éxito rotundo. 

Gracias a estas campañas se alivia mucho sufrimiento, ante las dificultades que atravesamos en estos tiempos, y que tanto dolor nos está causando ¿Quién de nosotros, o un familiar, o un amigo, o un vecino no se ha visto afectado por estos malos momentos?  Desde Cáritas de Torrejoncillo se atiende con alegría y cariño a quién lo necesita. 

Pero como torrejoncillanos que somos, bien sabemos que no estamos solos en estos momentos tan difíciles, nuestra PURA nos protege,  y desde la Fe que profesamos sabemos que ELLA nos ayudará a superar las dificultades y por eso le imploramos. 

¡Oh piadosísima Virgen María!, 

que jamás se ha oído decir 

que ninguno de los que han 

acudido a vuestra protección, 

implorando vuestro auxilio, 

haya sido abandonado por Vos.

 

III

 

Es Su pueblo Torrejoncillo, el que se prepara, cuando el calendario se va acercando a la fecha esperada,  llega el frío,  las nieblas, las casas dejan escapar por las chimeneas el olor de las lumbres, el olor a coquillo, es entonces cuando decimos: “Ya huele a Encamisá” y es que la noche se acerca, ahora todo se mueve hacía esa noche, todo se fragua hacia esa noche, nuestra noche, Su noche 

Todo se va preparando, los ensayos del coro, el engalanar a la Virgen, los cartuchos, los faroles, los caballos. 

El día 30 de Noviembre, día de San Andrés, a las siete y cuarto de la tarde comienza el primer repique de campanas anunciándonos la primera novena, y es entonces cuando se escuchan los primeros tiros. Cuando escuchamos el primer “Pues Concebida” y se nos pone “la piel de gallina”. Los primeros vivas, las primeras lágrimas. 

Y comienzan los recuerdos de un año vivido. 

La Ofrenda de Flores, donde las mujeres torrejoncillanas con orgullo vestimos nuestras mejores galas y lucimos con salero las sayas y pañuelos del gajo. Desde bien chicas nuestros padres nos colocaban en las primeras filas para la procesión y así poder ofrecer nuestras flores a María. 

Mañana María Jesús serás tú quien en representación de los jóvenes torrejoncillanos le pedirás por todos y cada uno, por sus inquietudes, sus deseos, sus esperanzas. 

Arropando nuestras tradiciones, nunca faltamos al “Acto de Andar la Encamisá”, cuando la noche del 6 al 7 ríos y ríos de gente rezan el Rosario por todo el recorrido de la Encamisá ¿Hay algún acto mayor de Fe? Gente de todas la edades, jóvenes, niños en brazos de sus padres, enfermos, personas de luto… porque cuentan que éste fue el origen del Acto de Andar la Encamisá, personas que por estar de luto no asistirían a la Encamisá y la noche antes hacían el recorrido rezando el Rosario. 

Todos estos actos desembocan en  la noche torrejoncillana por excelencia, la noche de la ENCAMISÁ, mucho hemos hablado de ella, la hemos descrito en multitud de ocasiones a familiares de fuera, en la universidad, a amigos…Pero de entre todas las descripciones escojo la que se hizo para solicitar que nuestra Fiesta fuera declarada de Interés Turístico Nacional en el año 1975 y que dice:

 

         “Estamos en la noche del 7 de diciembre. Es la noche de Torrejoncillo. El pueblo hierve en la Fe mariana. Torrejoncillo va a vivir su Encamisá.

 

Es la hora. Las campanas redoblan su repicar. La multitud no cesa en vivas a María. No es momento para palabras. El Estandarte aparece en la puerta de la Iglesia. Un pueblo entero vibra de emoción vitoreando a la Virgen, llamándola Purísima, Grita el alma, no la boca. Es un delirio colectivo. Es un éxtasis de millares de seres a la vista de un Estandarte, que pasa a duras penas entre la multitud de personas, que con los brazos en alto intenta tocarlo. 

         La plaza es un estruendo. Los centenares de escopetas, han dejado salir sus salvas. No son cien ni mil tiros. Son muchos más y al unísono durante un largo rato. La plaza, el pueblo no vive más que para María. 

         El párroco entrega el Estandarte al mayordomo. Éste lo presenta y lo ofrece al pueblo. Nuevo clamor general. Los encamisaos gritan y vitorean a la Virgen. Momento increíble que el forastero no comprenderá más que a medida que avance la procesión y contemple a un pueblo incansable en delirio ante la presencia del Estandarte. 

         Con esta bonita descripción, el día 22 de febrero de 1977, nuestra fiesta fue declarada de Interés Turístico,  encomendado al Ayuntamiento: “Que mantenga su preocupación por conservar los atractivos turístico e interés que ofrece dicha fiesta. 

Estos días que he dedicado a escribir este pregón han sido muy intensos en sentimientos y recuerdos de Encamisás pasadas. El más temprano que tengo, cuando de pequeña mi madre me llevaba al atrio para esperar la salida del Estandarte, y yo no quería porque me daba miedo. 

Ella me ponía un gorro con algodones en los oídos para que el ruido fuera menor. A mí no me gustaba verla emocionarse, y yo le pedía que no llorara, pues al ser tan pequeña no lo entendía 

Pequeños recuerdos, como cuando éramos niñas, y por ser tan chicas no podíamos ser del coro parroquial. Entonces lo que más ilusión nos hacía era poder subir arriba al coro, para escuchar desde allí la novena. Pero no podías subir, si no ibas acompañado de una persona mayor que se hiciera responsable de ti,  así que mis amigas y yo esperábamos al lado de las escaleras a ver, si con un poco de suerte, algún conocido te invitaba a subir con él.

 

         Luego recuerdo aquella Encamisá en la que comencé a tirar vivas, vivas que salían solos y que tanto aplaudían los mayores. Aprovechaba cualquier momento para tirar vivas, deseaba que el Estandarte hubiera salido mil veces para poder seguir tirando más y más vivas.    

 

La época de estudiante fuera del pueblo, en la que pretendíamos por todos los medios revivir en Cáceres lo que sucedía en Torrejoncillo. Por eso algunos días íbamos a las Novenas que se celebran en la iglesia de San Juan, para luego cantar en nuestro piso de estudiantes el Pues Concebida a la misma hora que aquí. 

Aquellas fiestas que organizábamos todos los amigos de Torrejoncillo que vivíamos en Cáceres para celebrar que se acercaba la Encamisá, que culminaba con nuestra Encamisá-Cacereña que celebrábamos justo el día antes de venirnos al pueblo. No les faltaba de nada, estaban llenas de los vivas y de los cantos de nuestra fiesta.   ¡ Cuántos  recuerdos ! 

                   Antes de terminar permitidme que mencione a mis padres, que tanto a mis hermanos como a mí nos han educado para que seamos buenas personas,  y desde siempre nos han inculcado el amor a nuestra Pura. 

         A mi marido, Jesús, que va siendo un torrejoncillano más, impregnándose de nuestros sentires y tradiciones, y que desde el primer momento me animó a esta faceta de hoy, consciente del mérito que se me concede. Cómo se sorprendió cuando al principio le expliqué que nosotros, podemos faltar Nochebuena del pueblo, pero nunca podemos faltar una noche de Encamisá. 

Ahora con el paso de los años, ya  hasta dice “Mira, HUELE A ENCAMISÁ 

Quisiera por último, instar a que nunca perdamos nuestro Amor y nuestra Fe en María, y pido a Dios que sepamos transmitirlo a nuestros descendientes, junto con nuestras tradiciones. 

¡¡¡Y como pregonera, os convoco!!!.

 

A que un año más vivamos La Encamisá. 

A dar testimonio de nuestro Amor a María. 

A participar en todos los actos que llevan a la noche de La Encamisá. 

A invitar a los que nos visitan a comer nuestro coquillo y a un vino de pitarra. 

Esta noche en la que todos somos protagonistas. 

En la que cada uno de nosotros tenemos un lugar donde esperar la salida del Estandarte, un balcón, en el atrio, en la plaza, a caballo o dentro de la Iglesia o desde el cielo. 

Durante la espera cantémosle el Pues Concebida para que cuando a la 10 de las noche se abran las puertas y aparezca el estandarte, lancemos nuestros vivas. 

Y tú, Andrés, paséala por nuestras calles, llévala a casa del impedido, del enfermo, del que está de luto, a casa de todos para que ellos también puedan decir 

 

VIVA MARÍA SANTÍSIMA 

VIVA MARÍA INMACULADA 

VIVA LA REINA DE LOS ÁNGELES.