¡En directo! Emisión en directo de la Noche de la Encamisá. Torrejoncillo - 2018. Emisión de TTV y el recorrido.

Dn. Pedro A. Corcho Sánchez

 

pedroCS

 

A mis Padres

                                                                           que también se dijeron SI

                                                                           delante de la Pura.

 

 

 

 

“Dignare me laudare te: Virgo Sacrata”

(Oh Virgen Sacrosanta, dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).

Franciscano Juan Duns Escoto

 

SALUDOS.

Señoras, Señores, Paisanos todos:

 

No puedo por menos, que estar feliz y dichoso en esta noche de frío y, en vísperas de una nueva Encamisá, acompañando a nuestra Madre.

Soy consciente del gran compromiso que recae en estos momentos sobre mi persona. Sinceramente, es para mi, un alto honor, a todas luces inmerecido, tener la responsabilidad de pregonar a Nuestra Madre Inmaculada en mi querido pueblo, habiendo tenido como pregoneros precedentes, a ilustres oradores y plumas.

 

Quisiera agradecer de forma sincera, tanto al Presidente, como a su trabajadora Junta Directiva de Paladines y testimoniarles mi gratitud, por la confianza que depositaron en mi persona al encomendarme este Pregón: gracias, muchas gracias, espero no defraudaros.

 

Gracias, ya que con vuestra generosidad, me regalasteis el abrirme de par en par las Puertas de nuestro Atrio para poder proclamarle a nuestra bendita Pura, mi admiración, y mi devoción, ya que gracias a Ella, en muchos momentos de la realización de este pregón, he percibido como me conducía con Su mano la mía, pudiendo escribir párrafos que hubieran sido imposibles hacerlos, para una persona de Ciencias como yo sin Su ayuda, al igual que cuando meditando me extasiaba en su cara, y leía en Sus labios, algunas frases, que sin Su presencia, mi persona hubiera sido incapaz de escribir.

 

Por ello, quiero  Virgen Pura, Tú que estás a las espaldas de mis sueños, ya que te tengo tan cerca esta noche que siento Tu aliento, al igual que estás siempre a mi espalda, protegiéndomela durante el camino de mi vida, Tu que siempre estás a mi acecho, te pido que dirija mi voz en este Pregón, como has dirigido mi mano, y me hagas vibrar como me has hecho vibrar y sentir con cada folio que he escrito, y que sepas, que si hay alguna pieza brillante en este acto, será gracias a Ti y cuanto haya de borroso y oscuro, será defecto de mi torpe pluma y de la imprecisión de mi vocabulario.

 

Momentos después de comunicarme la Directiva de  Paladines que habían pensado en mi como pregonero, cuando ya salieron de mi casa y pasados los momentos de sorpresa,  alegría y emoción, saltaron sobre mi, serias dudas. ¿Yo pregonero de la Encamisá?. Supongo que estás dudas también se habrán producido en los anteriores pregoneros, pero ¿como puede un Torrejoncillano decir no, a pregonar los días mas importantes que Torrejoncillo dedica a su Pura?. Y rápidamente esas dudas desaparecieron de mí, porque todos los Torrejoncillanos tenemos Fe en María. Y sabiendo que nuestra Madre está con nosotros, yo no le podía fallar. Tenía que decir si. Mi Fe en Ella me ayudaría. Ya que María es modelo de Fe. ¡Ella!, que fue la ¡Madre de Dios!.

 

Gracias al “Si” de María, pudo nacer el Salvador de los Hombres.

 

Gracias al “Si” de María, la Buena Nueva fue anunciada al Mundo entero.

 

Gracias al “Si” de María, la muerte fue vencida para siempre.

 

Gracias al “Si” de María, fue restituida al Mundo la esperanza.

 

Yo no podía decir que no a María cuando Ella dijo “Si”. Ella no puede entrar en nuestra vida si no le decimos “Si” cuando llama a la puerta de nuestro corazón. Porque Torrejoncillo tiene Fe en su Pura. Igual que María tuvo Fe en Jesús.

 

Ya se lo dice Isabel a María cuando esta le visita: ¡Feliz la que ha creído!. Estas palabras, pronunciadas por Isabel, ponen de relieve el contraste entre la incredulidad de Zacarías y la fe de María.

 

En la Anunciación, María está ante un mensaje muy desconcertante, como es la propuesta de convertirse en la madre del Mesías. Frente a esta perspectiva, no reacciona con la duda; se limita a preguntar cómo puede conciliarse la virginidad, a la que se siente llamada, con la vocación materna. A la respuesta del ángel, que indica la omnipotencia divina que obra a través del Espíritu, María da su consentimiento humilde y generoso.

 

Si queremos contemplar la profundidad de la fe de María, nos presta una gran ayuda el relato evangélico de las bodas de Caná. Ante la falta de vino es María la que pide un milagro a Jesús. Esta petición, es audaz, ya que hasta ese momento Jesús no había realizado ningún milagro. Al actuar de ese modo María nos demuestra la Fe que tiene en Jesús como Hijo de Dios.

 

No es fácil la fe a la que María está llamada. La vida pública de Jesús reserva muchas pruebas para la fe de María. Por una parte, le da alegría saber que la predicación y los milagros de Jesús, suscitaban admiración y consenso en muchas personas. Por otra, ve con amargura la oposición cada vez más enconada de los fariseos, de los doctores de la ley y de la jerarquía sacerdotal.

 

No podemos imaginar cuánto sufrió María ante esa incredulidad.

 

En el drama del Calvario, la fe de María permanece intacta.

 

Al decir que María estaba de pie junto a la cruz, los evangelistas nos dan a entender que María se mantuvo llena de valentía en ese momento dramático. Ciertamente, fue la fase más dura de su «peregrinación de fe». Pero Ella pudo estar de pie porque su fe se conservó firme. María siguió creyendo que Jesús era el Hijo de Dios y que, con su sacrificio, transformaría el destino de la humanidad.

 

La resurrección, fue la confirmación definitiva de la fe de María. Más que en cualquier otro, la fe en Cristo resucitado transformó su corazón en el más auténtico y completo rostro de la fe, que es el rostro de la alegría de Nuestra Madre.

 

Los caminos hacia Dios, son infinitos, y uno de ellos es a través de su bendita Madre María Inmaculada, y ese camino fue el que eligió este pueblo hace siglos.

 

Gran parte de la fe de este pueblo, está sustentada y construida, sobre los cimientos de su devoción a María.

 

“¡Ave María purísima!” – En España son éstas las primeras palabras que desde hace siglos pronuncia el fiel cuando se arrodilla en el confesionario.“¡Sin pecado concebida!” – responde el sacerdote.

 


Estas cortas frases, ¿son acaso un saludo piadoso y nada más? No. Poseen un significado más profundo. Con seguridad, eran una señal con la que el penitente tanteaba la opinión del confesor: si éste proclamaba su fe en que la Madre de Dios fue concebida libre de toda mancha de pecado, era de confianza; de lo contrario, no lo era.

 

Torrejoncillo fue, es y será Tierra de María Inmaculada. Mientras quede un torrejoncillano en pie sobre el suelo de esta tierra, Torrejoncillo es de su Pura, porque el serlo, es un carácter genético, que va consustancialmente unido a nosotros desde nuestro nacimiento. Porque Fe en María tuvieron nuestros abuelos, nuestros padres y la tendrán nuestros hijos. Y es una divina herencia a la cual nos hemos hecho acreedores por méritos propios.

 

El pasado año conmemoramos el 150 aniversario de la Proclamación del Dogma de María Inmaculada. A lo largo de todos los siglos, las páginas de la Historia registran testimonios de numerosos Santos, Doctores y Teólogos en defensa de esta verdad de Fe.

 

El primero, paradójicamente para Torrejoncillo fue San Andrés Apóstol, nuestro Patrón, que afirma con autoridad de Apóstol del Señor:

 

“Y porque el primer hombre fue formado de una tierra inmaculada, era necesario que el Hombre perfecto naciera de una virgen igualmente inmaculada”.

 

A comienzos del siglo III, San Hipólito, mártir y obispo de Porto, escribía: “Cuando el Salvador del mundo decidió rescatar el género humano, nació de la Inmaculada Virgen María”.

 


Y san Agustín, en los siglos IV-V, se expresa como una llamarada: “¿Quién podrá decir: yo nací sin pecado? ¿Quién podrá gloriarse de ser puro de toda iniquidad, sino (…) la Santa e Inmaculada Madre de Dios, preservada de toda corrupción y de toda mancha de pecado?”

 

Esta Gracia de la Virgen comenzó a ser conmemorada desde muy temprano en los actos litúrgicos de la Santa Iglesia. Hay indicios que desde principios del siglo V se celebraba en el Patriarcado de Jerusalén la fiesta de la Concepción de María. El Concilio de Letrán (año 649) y el de Constantinopla (año 680) dan una prueba elocuente de que la devoción a la Virgen concebida sin pecado era común en la Cristiandad del séptimo siglo.

 

El número de ciudades, países e instituciones universitarias, civiles, militares y religiosas que celebraban oficialmente la fiesta de la Inmaculada creció tanto, que en 1477 el Papa Sixto IV le dio aprobación oficial y la enriqueció con indulgencias semejantes a la fiesta del Santísimo Sacramento.

 

En 1497 y como condición para obtener el Título de Doctor, la Universidad de París instituyó el juramento de defender para siempre que la Santísima Virgen fue concebida sin pecado. En poco tiempo fue imitada por las Universidades de Colonia en  Alemania y Valencia en España.


En la entonces católica Inglaterra, las Universidades de Oxford y Cambridge también conmemoraban la fiesta de la Inmaculada.

Pero las Universidades españolas no se quedan atrás y las de Sevilla, Granada, Alcalá, Santiago, Salamanca, Sigüenza, etc. hacen parecidos juramentos.

 

La más importante de estas era la de Salamanca, por su fama mundial y por el gran número de estudiantes.  En ella, eran famosas las fiestas con motivo del acto de juramento. Así, al “rey de los poetas” de entonces, Lope de Vega se le encargó una pieza teatral para representar aquel día.

 

En el curso de esta pieza ocurrió un caso “de los más significativo para conocer el entusiasmo que sentía por la Inmaculada el pueblo español del siglo XVII” según nos informa un cronista de la época. Era costumbre de los estudiantes aclamar con vítores (“vitor”, es decir “viva”) a sus compañeros cuando respondían con brillo a las preguntas de los examinadores. Conocedor de esto, el poeta hizo terminar el segundo acto de su obra con la siguiente exclamación:

 

“¡Vitor a la Virgen, señores, concebida sin pecado”

 

Nada mas terminar el actor de decir esto, todos los asistentes a la representación, saltaron como movidos por un resorte mágico y respondieron al unísono con atronadores vítores, que aumentaron en todos los corazones el ardiente amor a la Inmaculada Concepción. Yo me pregunto si entre los presentes no habría algunos torrejoncillanos.

 

Nuestro vecino Portugal no se quedó atrás en promulgar su Fe a la Pura. Durante el siglo XVII el culto a la Inmaculada conquistó el reino entero.

En las Universidades de Coimbra y Evora, era necesario también prestar solemne juramento afirmando su Fe en la Concepción Inmaculada de  María, para conseguir la licenciatura.

 

En 1646 el Rey Don Juan IV proclamó a Nuestra Purísima Concepción patrona del Reino de Portugal. Ocho años mas tarde, un nuevo decreto real ordenaba que “¡en todas las puertas y entradas de las ciudades y villas!” se colocara una lapida confirmando la Fe del pueblo portugués en que la Santísima Virgen no fue manchada por el pecado original. Todavía hoy, podemos apreciar bellísimas imágenes grabadas sobre azulejos en casi todos los pueblos de Portugal.

 

Tomaba cuerpo el sentimiento universal, clamando una definición dogmática. Arzobispos, superiores de ordenes , reyes y en general todo el pueblo cristiano pidieron insistentemente a sucesivos Papas, a partir del siglo XVII, la proclamación del dogma.

 

Y por fin, siendo Papa Pio IX, más conocido por Pío Nono, el 8 de diciembre de 1854 rodeado de la solemne corona de 92 Obispos, 54 Arzobispos, 43 Cardenales y en medio de la emoción general, declaro solemnemente:

 

Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina de que la Bienaventurada Virgen María, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del genero humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, es doctrina revelada por Dios, y por lo tanto debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles.”

 

En ese momento las campanas de las 300 torres de Roma se echaron a vuelo. Palomas mensajeras salieron en todas las direcciones llevando la gran noticia, y en los 400,000 templos católicos del mundo se celebraron grandes fiestas en honor de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

 

La cuestión estaba zanjada para siempre. No había necesidad alguna de mas demostraciones.

 

Y hablando de demostraciones, después de mucho tiempo leyendo y demostrando teoremas de Matemáticas a partir de hipótesis y supuestos, nunca me había encontrado con una demostración tan elegante, verdadera  y sencilla, como la que presentó el Franciscano Juan Duns Scotto a un tribunal de sabios de la siguiente forma:

 

Juan planteo tres preguntas al tribunal:

 

La primera: ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? Todos respondieron: Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso para Dios.

 

A continuación pregunto: ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original? Todos respondieron: Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.

 

Y por último pregunto: ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.

 

Entonces Scotto exclamó:

 

Luego 1º. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.

 

2º. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha.

 

3º. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

 

Todos aplaudieron y aceptaron esta verdad. Bellísima demostración, ¿no creéis?.

 

Dicen que este argumento o prueba se le ocurrió al sabio Scotto, al pasar por delante de una estatua de la Virgen y decirle: "Oh Virgen Sacrosanta, dadme las palabras propias para hablar bien de Ti".

 

Nosotros los Torrejoncillanos, también recurrimos en muchas ocasiones a nuestra Pura. Imploramos la ayuda de Nuestra Bondadosa Madre en todo tiempo, lugar y circunstancia:

 

  • en las dudas, para que nos esclarezca;

  • en los extravíos, para que nos lleve al buen camino;

  • en las tentaciones, para que nos sostenga;

  • en las debilidades, para que nos fortalezca;

  • en los desalientos; para que nos reanime;

Si analizamos La Encamisá, que es un aluvión de demostración de fe, nos podríamos hacer varias preguntas:

 


¿Qué es la Encamisá?,

¿Que es lo que hace que los Torrejoncillanos sientan ese amor por su Pura?.

 

¿Podríamos hacer una demostración científica de esto?.

 

Yo creo que no. Si cualquiera tuviera que definir lo que es La Encamisá, podría decir sin temor a equivocarse que La Encamisá es "LA VIRGEN".

 

Yo entiendo La Encamisá como un cúmulo de sentimientos y pasiones, recuerdos, vivencias, tradiciones, sueños e ilusiones y sobre todo como una convivencia fraterna, que derivan en un sin fin de motivaciones que me inducen a una devoción creciente, donde el cariño y la fe es fundamental.

 

La Encamisá, conserva perfectamente el sabor del tiempo pasado. Es un sentir con el que los Torrejoncillanos nacemos, pero que después a través del tiempo y vivencias, vamos aumentando y  madurando. Desde muy pequeños, nuestras madres nos han rezado el “Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea…”. Nuestros padres nos han preparado las hachas para quemar, nos han llevado a caballo, al atrio o con ellos llevándoles la bolsa de los cartuchos. Y luego cuando hemos ido solos a la Plaza y el Estandarte sale al atrio, lanzamos vivas a la Virgen con el alma y el corazón y no con la garganta. Las motivaciones de los torrejoncillanos son muchas, y complejas, siendo  la principal, la llamada que sienten nuestros corazones por el amor a nuestra Pura. La Encamisá, llega a hacerse tan personal, que cada uno tiene su recorrido, sus plazuelas y esquinas, pero todos con el mismo fin, ¡Aclamar a nuestra Virgen!.

 

Permitirme que os cuente algunas vivencias mías de Encamisás vividas de diferentes formas.

 

Mis primeras encamisás fueron vividas en la lejanía, es lo que tiene ser hijo de Militar. Por lo tanto, mis primeras aproximaciones a nuestra Pura fueron a través del cariño que le profesaban mis padres. Cuando llegaba el mes de Diciembre íbamos todos los días a misa por la tarde, y ¡no era Domingo!, menos mal que las novenas a la Purísima se celebran en todas las ciudades españolas. Luego otro día, llegabas a casa y percibías un olor entre mezcla de aceite y naranja, que no te dejaba indiferente. Mi madre estaba haciendo coquillos. ¡Qué bien saben cuando los comes a kilómetros de Torrejoncillo, si sabes que no irás a la Encamisá!. Luego llegaba el día 7 por la tarde y el nerviosismo iba aumentando en casa. Salíamos todos con el coche al campo y mi padre pegaba varios tiros con la escopeta, acompañados de sus correspondientes vivas, con el consabido peligro de que se presentase la Guardia Civil a preguntar qué hacíamos.

 

Luego a las 10, la mente estaba en la puerta de nuestra Iglesia, intentando abrirla a kilómetros de distancia. Pasaban los minutos y esperábamos ansiosos la llamada telefónica, en el mismo instante en que pasaba el Estandarte por casa de mis abuelos. Lágrimas y vivas se mezclaban intentando acortar las distancias a través de la línea telefónica.

 

Pronto vinieron mis primeas Encamisás a caballo. Siempre preguntando a unos y otros “¿tienes caballo para dejarme esta Encamisá?”. No saben éstas personas lo agradecido que les estoy. Gracias a ellos, pude vivir encamisás inolvidables, sintiendo muy cerca nuestro Estandarte. Cada año era una ilusión nueva. Sobre todo el año que estrené la montura que a escondidas me hizo mi padre. O el año que llevé la yegua torda, que por la inexperiencia del jinete no había forma de parar en algunos momentos y otras veces de hacerla andar. El primer año que llevé a mi sobrino conmigo, aunque solo fuera un rato. O el pasado año que fue la primera vez que hice la Ofrenda con mi mujer y mi hija. Sabes Madre que la intentaremos educar en la Fe y que vendrá a verte, siempre que pueda, con la misma intención que sus padres lo hacen. Han sido Encamisás que  han ido haciendo más profundo mi amor por María.

 

Y si he de ser sincero, os diré que siempre he sentido a María velando junto a mí. La mayor prueba que tengo de eso la tenéis en Mi Familia. María me ha mostrado la alegría que nace de la fe y del amor, el gozo de los que confían en medio del esfuerzo y del dolor, a través de mis padres y hermanas.

 

Ellas y yo, hemos crecido en el amor de nuestros padres, y no me refiero sólo a mis padres Lali y Pedro, sino a mi Padre celestial y a mi madre María que transformaban los días grises en soleadas mañanas, que nos abrazaban cuando los hermanos estábamos cegados de individualismo y discutíamos, y entonces con sus invisibles manos nos conducían al acercamiento. Ellos nos colman de milagros cuando hemos salido victoriosos de enfermedades, y nos levantan cada vez que caemos en el camino o nos iluminan cuando nos perdemos y no encontramos la luz.

 

Pero quiero agradecer muy especialmente a mis padres en la Tierra, porque fueron ellos, los que, aun estando en la lejanía de Torrejoncillo en los primeros años de mi vida, supieron inculcarme un gran amor por nuestra Pura.

 

A mi padre por verlo cargar los cartuchos los meses antes de la Encamisá, con mucha ilusión y siempre con prisas al final. Por su empeño haciendo la cabezada que lucirá el mayordomo la noche de la Encamisá y en la que todos colaboramos en casa, para preparar las mas de 1000 trenzas que tiene. Por prepararme todos los años los atalajes de la cabalgadura, las mantas o sobre enjalma y por transmitirme siempre las ganas de ir a caballo.

 

Y a mi madre cuyas manos preparaban todos los años mi sábana. Fiel creyente y practicante, mariana, de profesión su familia, de devoción La Pura y La Milagrosa, de aficiones “estar alegre”, su comida favorita “la que comían sus hijos”, su mayor tesoro “cuando estábamos todos juntos”, luchadora, lista a hacer inmensos sacrificios por nosotros: su marido y  sus tres hijos; siempre dispuesta y atenta, compartiéndolo todo sin pedir nada a cambio. Como María Inmaculada, que era su modelo de vida.

 

¡Claro que siento a María a mi alrededor! ¡Nuestra Madre está en todo momento acompañándome!

 

Tu primer nombre es María,

Santísima es el segundo,

de Concepción el tercero

y abogada de este mundo.

 

Quiero pediros que entre todos colaboremos con la Asociación de Paladines para conseguir la coronación de nuestra Pura. Pongamos los torrejoncillanos en la Corona de Nuestra Imagen nuestra devoción, nuestras penas y alegrías, consagrándonos a Su Inmaculado Corazón con incesante oración, y entre todos conseguiremos la gloria de la coronación de nuestra Virgen.

 

Desearos a todos que viváis una Encamisá como cada uno sabe vivirla. Que no falte leña en las horitañas de las plazuelas. Que florezcan bellas flores para adornar a María y tengamos miel para endulzar nuestros coquillos. Que sea silenciosa al andarla en la madrugada del día 7, y atronadora cuando el reloj marque las 10 de la noche. Los que vayan a caballo, que acompañen a nuestro Estandarte entre vivas y cánticos, siempre de forma respetuosa. Que las escopetas no dejen de sonar para anunciarnos que María viene hacia nosotros. Y cuando el día 8 le cantemos la Salve, nos llevemos todos un trocito del corazón de María en el nuestro, para compartirlo con los demás.

 

No habrá ningún torrejoncillano ausente en nuestra noche de Encamisá. Entre todos, recordaremos a los que no estén. Noche de oraciones y momentos de recogimiento, de silencio, momentos de alboroto y alegría, de compartir y festejar. Que las horitañas, rompan la oscuridad de la noche mas larga de los torrejoncillanos, y sean el nexo de unión entre familiares y amigos.

 

Y como dice una de las letras que se han cantado en alguna ocasión de nuestro Pues Concebida

 

Porque a todos los torrejoncillanos

bajo Tu manto los has tenido

y hoy te acompañan

agradecidos.

 

Mis últimas palabras serán varias peticiones y una acción de gracia. Mi primera petición va dirigida por vosotros y por mí. Pido que no nos desalentemos, que forjemos en nuestro ser el modelo de María, y que seamos dignos de mostrarlo al mundo entero, solo como los torrejoncillanos sabemos hacerlo. Y en mi acción de gracia, agradezco por adelantado que mi petición se hará realidad, pues tengo la prueba fehaciente de que nuestra Madre Celestial siempre está a nuestro lado al caminar, y no tendrá reparos en enseñarnos personalmente cómo hacer para alcanzar la felicidad.

 

Dios Te Salve, Reina y Madre. Mil gracias te doy, una por cada nombre con el que sabiamente te nombran los torrejoncillanos. Gracias, porque desde este atril he proclamado  a los cuatro vientos el profundo amor que te profeso.

 

 “Espero que estas pocas, pero sentidas palabras de agradecimiento a la madre de Dios, lleguen a vuestros corazones y os llenen de la misma alegría que siento yo en estos momentos y que inunda mi corazón”

 

¡OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR

NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!

 

Mi agradecimiento por vuestra fiel escucha y por haber asistido en esta noche.

 

Y mi última petición va dirigida al Mayordomo Portaestandarte, al cual le deseo que disfrute de la que será seguramente una de las noches mas felices de su vida. Me gustaría que cuando cojas el Estandarte de la Virgen, lo levantes alto, levántalo todo lo alto que puedas y acércalo al cielo, para que desde allí todos los torrejoncillanos que están con Nuestra Madre puedan gritar con nosotros:

 

Viva María Santísima

Viva la Purísima Concepción

Viva María Inmaculada

 

 

Torrejoncillo, 2 de diciembre de 2006