Dña. Sagrario Lázaro Núñez

 

 1985 Dª SAGRARIO LAZARO NUÑEZ

Madre nuestra:

Aquí nos tienes a todas las mujeres de Torrejoncillo dispuestas a rendirte el homenaje que mereces. Las flores que a continuación te ofrecemos, son el símbolo y la demostración material, de todas las esperanzas, las ilusiones y los anhelos que cada una tenemos.

Tú que tuviste que vivir los azares e incertidumbres de este mundo, pasando de las alegrías más desbordantes a las más profundas penas, conoces lo que en este momento pueden sentir las madres, al volver a Ti, el ejemplo de lo que una madre debe ser. Por eso con estas flores que representan nuestro amor, nuestra ternura, nuestras devociones, nuestro entusiasmo hacia Ti, queremos ofrecerte también, nuestros problemas más acuciantes de hoy, la inseguridad, la incomprensión, el hambre, las guerras que asolan el mundo.

Nuestros hijos, no son los de antaño, por eso, nuestros corazones maternales sufren por este desvío. La juventud, que cada paso siente la tentación, que a cada momento le asedian mil peligros, te pide ¡Oh Madre! Que no les abandones. Tiende tu mano sobre ella, para que su pureza se mantenga intacta, siendo un reflejo fiel de la tuya. A las que por desgracia, la perdieron, tiéndeles tu mano para que puedan levantarse y su arrepentimiento sea su mejor ofrenda.

A las niñas, capullos en flor, con sus corazones henchidos de ilusiones y rebosantes de amor por Ti; ¡Guíalas Madre y no las abandones! Para que lleguen al final de su existencia, con un alma tan pura y blanca como en este momento tienen.

También queremos pedirte, por nuestros maridos, nuestros padres y nuestros hijos, a quienes te rogamos guíes con tu inmenso amor y nunca ofendan tu divino nombre.

Por último, dirige tu mirada de amor, hacia Torrejoncillo. Tú conoces todos los hijos que hoy faltan de él y que en estos momentos añoran el poder estar a tu lado. Te pedimos, que los protejas y que un día los que se fueron, puedan estar con nosotros para honrarte y aclamarte.

 

¡VIVA MARÍA INMACULADA!

¡VIVA MARÍA SANTÍSIMA!