¡En directo! Emisión en directo de la Noche de la Encamisá. Torrejoncillo - 2018. Emisión de TTV y el recorrido.

Srta. Paqui Cabello Calvo 

 

Paqui Cabello

Ave María Purísima…

Madre Inmaculada, con inmensa alegría y profundo agradecimiento, vengo esta mañana ante tu altar para ponerle palabras y voz a esta ofrenda de amor que año tras año nos une ante tu Imagen.

Permíteme que estas primeras palabras tengan un recuerdo muy especial para quien desde muy pequeña me enseñó a quererte y alabarte, quien me cogía “en pericuti” cada 7 de diciembre para verte salir majestuosa por las puertas de este magnífico templo y recorrer las calles de nuestro pueblo. Esta mañana mi padre no está aquí físicamente junto a mi madre, mis hermanos, mi cuñada, mis sobrinos y el resto de mi familia y amigos, pero segura estoy de que tendrá un lugar privilegiado a tu lado y estará feliz y orgulloso de verme hoy convertida en la portavoz de todo un pueblo que se postra a tus pies para ofrecerte estas flores, que no son más que un símbolo de los sentimientos íntimos y profundos que laten en su corazón.

Sí María, esta mañana, aquí en nuestra Iglesia, no te hablo sólo en mi nombre, sino que me considero la transmisora de los sentimientos de todos los torrejoncillanos, nacidos o de adopción, que te llevan en el corazón, que rezan ante tu imagen cuando se encuentran en alguna encrucijada en su vida, que te dan gracias por alguna petición cumplida, que te tienen cerca de su cama cuando se van a dormir, o que te llevan colgada de su cuello en forma de medalla; te hablo en nombre de todos los que te sentimos como Madre, Patrona y Reina de nuestras vidas.   

Es cierto que en nuestras manos traemos hoy unas flores, flores de diversos colores, tamaños, formas y olores. Esta variedad de flores no es más que el reflejo, el signo exterior, de esa otra variedad de emociones y sentimientos que estas flores expresan y que, sin duda alguna, son mucho más importantes, pues son las flores que están en el corazón de todos y cada uno de nosotros, y que juntas forman el ramillete del amor que sentimos por Tí.

Madre, con ellas venimos a ofrecerte lo que somos, lo que tenemos, nuestros anhelos y preocupaciones, nuestras angustias y plegarias, nuestras gratitudes y nuestros deseos, en definitiva, ponemos ante ti toda nuestra vida.

Te ofrecemos en este ramillete que es nuestro corazón, la flor de la alegría. El cristiano es por definición un hombre que vive la alegría, que marcha siempre con alegría porque conoce el por qué y el para qué de esta vida y de la muerte, porque tu Hijo le ha dado sentido a ambas cosas. Por eso Tú, la persona más cercana a Jesús, eres mujer de alegría, por eso Tú, María, llenas nuestra vida de alegría, porque nos sabemos tus hijos.

Junto a la flor de la alegría, te ofrecemos también la flor del perdón. ¡Tantas veces sentimos envidia de los que están a nuestro alrededor, somos orgullosos, vanidosos, inconstantes… y tantas y tantas faltas de amor que a menudo cometemos! Hoy queremos pedirte perdón por todas ellas. Tú mejor que nadie sabes de nuestra debilidad y fragilidad humana, pues fuiste como nosotros. Por eso, por todo eso que a menudo no hacemos bien, queremos pedirte perdón y comenzar de nuevo.

Dejamos también a tus pies la flor de la entrega y el compromiso, la flor de la generosidad. Queremos ser hombres y mujeres comprometidos con un mundo que cada vez nos necesita más, un mundo que no quiere escuchar palabras vacías, sino que quiere ver testigos. Tenemos que ser tu boca, tus ojos, tus pies y tus manos, para ayudar a tantas y tantas personas que necesitan nuestra entrega, personas cercanas o lejanas que están esperando una palabra de aliento, un ratito de compañía o un poco de pan para comer. Aquí te dejamos valientemente nuestra vida para que dispongas de ella en favor de nuestros hermanos.

Muy unida a la flor del compromiso te ofrecemos Madre, la flor de la valentía. Juan Pablo II, ese Papa ten querido por todos, nos decía en su visita a Madrid en 2003: “No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo”. Virgen Inmaculada, queremos decirte esta mañana que somos “tus paladines”, tus defensores, que queremos ser valientes y proclamarte en todas las circunstancias de nuestra vida, que queremos abrir nuestras puertas a la acción de tu Hijo, para que Él transforme nuestro corazón, muchas veces malherido.

En este ramillete de flores de nuestro amor, no pueden faltar unas virtudes que especialmente Tú supiste poner en práctica como nadie en tu vida: la sencillez, la humildad y la confianza. María, como dice Sta. Teresita de Lisieux en su camino de infancia espiritual:”Jesús no exige grandes acciones, sino tan sólo el abandono y el agradecimiento” ¡Qué bien supiste entender Tú estas palabras y abandonarte plenamente, confiadamente, a la voluntad de Dios! Esta es nuestra pretensión esta mañana: confiar plenamente en los planes de Dios para nuestra vida, desde la sencillez y la humildad de un niño pequeño que descansa en los brazos de su padre, igual que hiciste Tú.

Como sabemos que no todo son alegrías y buenas nuevas, también te traemos en este ramo nuestros sufrimientos. Tú sabes Madre, de los malos momentos por los que a menudo pasamos, de los sufrimientos que estamos viviendo o que hemos vivido. Tú conoces los problemas por los que atravesamos y los sinsabores que a menudo nos ofrece esta vida. Tú lo sabes todo porque, segura estoy, en todos ellos te tenemos presente, te pedimos consejo, te imploramos ayuda y junto a Ti, todos lo hemos comprobado, hemos salido de muchos aprietos. Por eso va también esta flor del sufrimiento, para que la transformes en gozo y esperanza.

Y porque la vida de un cristiano no termina el Viernes Santo, sino el Domingo de Resurrección, te ofrecemos también la flor de la esperanza. Contigo, María, sabemos que no estamos solos, que ante cualquier circunstancia de nuestra vida, buena o mala, podemos contar contigo, podemos mirarte y sonreírte de manera cómplice ante una buena noticia, o llorar contigo ante una mala. Nos sabemos acompañados y ese es el mayor tesoro que podemos tener, porque eres fuente de nuestra alegría y motivo de nuestra esperanza. 

Madre Inmaculada, he dejado para el final dos flores insustituibles e imprescindibles en todo ramillete hecho para Ti: la flor del agradecimiento y la flor de la plegaria.

Gracias ante todo por la vida, por nuestra vida, que con más o menos dificultades transcurre por los cauces de la paz y la concordia, del bienestar y a veces de la abundacia. Muchas veces no nos damos cuenta de lo que supone vivir en este 1º mundo alejado de la amenaza permanente de guerras, hambre y miseria que asola a una gran parte de la población mundial.

Gracias también María por esas personas que cada día nos hacen esta vida más fácil y llevadera: nuestros familiares y amigos. Gracias por ponerlos en nuestro camino para que el viaje sea más agradable y poder así compartir alegrías y tristezas. Ellos son piezas fundamentales en nuestra vida y no se lo decimos con mucha frecuencia. Por eso, en estos momentos nos acordamos de todos ellos y los ponemos ante tu altar para agradecerte su presencia en nuestras vidas.

Te queremos agradecer también Madre,  las cosas más cotidianas de nuestro día a día: el conseguir o mantener un trabajo, el aprobar un examen, el nacimiento de un hijo, la superación de una enfermedad, ese carnet de conducir que se resiste, la nota de selectividad… y tantas y tantas cosas que a lo largo del año te pedimos y que Tú, generosamente nos concedes. Gracias por escucharnos y atender a nuestras plegarias.

Gracias por último María, por el don de la fe, porque con él nos has convertido en tus hijos y vamos de tu mano caminando sin miedo ante los baches de este camino que es la vida. Acrecienta en este pueblo que tanto te ama esa fe en ti y en tu Hijo, y como dice el final de una salve: “…más si mi amor te olvidare, Tú no te olvides de mi”. Madre, si alguna vez nuestra fe se debilita, agárranos fuerte para no desfallecer.

Y así, agarrados de tu mano, te ofrecemos la última flor de este ramillete, y no por ser la última es la menos importante. Dice S. Bernardo que no hay nada que le pidamos a Jesús por medio de la Virgen que Él no nos conceda, porque no puede negarle nada a su madre. Por eso María, Tú que eres la omnipotencia suplicante, ponemos en esta última flor nuestras plegarias, para que intercedas ante tu Hijo.

Te pedimos en esta mañana por los niños, para que disfruten de su infancia alejados de toda violencia, injusticia o marginación, sin faltarles lo necesario para su desarrollo integral como personas y se conviertan así en hombres y mujeres que luchen por el bien y la prosperidad de los pueblos.

También te pedimos por los jóvenes, porque en medio de una sociedad que les ofrece muchos caminos y no todos buenos, ellos son la semilla que debe germinar y dar buenos frutos. Ayúdales a saber elegir bien en la encrucijada de su vida. Te pedimos especialmente por los jóvenes de nuestro pueblo y de nuestra parroquia: coro parroquial de jóvenes y grupo de jóvenes cristianos, para que sean testigos valientes de Cristo en las realidades en las que se encuentran y arrastren a otros muchos para cambiar juntos esta sociedad falta muchas veces de valores humanos y cristianos.

La siguiente plegaria es por las familias, para que se mantengan unidas en medio de las dificultades y sean el núcleo fundamental de la vida de la sociedad. Te pedimos por nuestras familias, por todos sus miembros y las relaciones entre ellos, para que teniéndote como modelo, se parezcan cada día más a Tu familia de Nazaret.

Ahora vamos a poner nuestros ojos y a pedirte por todas las personas que están sufriendo por cualquier causa: por los que están pasando por situaciones de injusticia, pobreza o marginación, por situaciones de soledad o abandono, por todos los que se encuentran esperando un empleo para poder subsistir, por los que lamentan la pérdida de un ser querido,  y por todos los enfermos que en estos momentos luchan por salir de su enfermedad. A todos ellos,  ayúdales en sus necesidades y aliéntales en sus desolaciones, para se sientan arropados  por tu manto de amor, en el que puedan cobijarse y aliviar su dolor.

Virgen Inmaculada, hay muchas personas en el mundo que dedican su vida o parte de ella a ser testigos vivos de la Palabra de Tu Hijo para propagarla y llevarla a todos los lugares de la tierra, cercanos o lejanos. Por eso, no podemos olvidarnos de pedir en esta mañana por todos los misioneros, sacerdotes, consagrados y agentes de pastoral. Quisiéramos pedirte especialmente por los que tenemos más cercanos, por las personas de nuestra parroquia que trabajan día a día para mantener viva la llama de la fe. Anímalos en su tarea diaria y dales fuerzas para continuar su labor en medio de nuestro pueblo.

También queremos pedirte por los ancianos; ellos tienen un gran bagaje a sus espaldas y mucha experiencia adquirida a lo largo de su vida. Que sepamos escucharlos y seguir sus pasos, impidiendo que se sientan solos o abandonados, y valorando la sabiduría que pueden aportar a nuestras vidas.

Tampoco podemos olvidarnos Madre, de todas esas personas que nos acompañaron en la vida y que ya no se encuentran con nosotros. Ellos nos enseñaron a amarte y a vitorearte, a tenerte como Reina y Patrona de nuestro pueblo. Te pedimos por todos nuestros difuntos: padres, hijos, abuelos, esposos, tíos, hermanos, amigos…En estos momentos en que nos estamos acordando de ellos, recoge sus nombres en Tu corazón y llévalos contigo de la mano, esperando el día en que todos nos encontremos en el Cielo. 

No quisiera terminar María, sin hacerte una última petición, quizá la más importante y la más sencilla: queremos que nos ayudes a parecernos a Ti, a ser buenas personas como fuiste Tú. Queremos Madre, ser en todo y con todos como Tú.

Me gustaría finalizar con unos versos, un soneto que sin mucho valor literario, brota de lo más íntimo de mi corazón: 

No pueden mis palabras expresarte,

el amor que por Ti sentimos dentro,

cuando van los piropos a los vientos,

y nos sale de dentro el aclamarte.

 

Mira los ojos de tus hijos al mirarte,

siente su corazón latir por dentro,

pues es la herencia de este pueblo nuestro,

desgarrar su garganta en alabarte.

 

Y como torrejoncillana me despido,

recoge la oración que en este día

 con gran cariño y gozo te he ofrecido.

Y lleguen hasta Ti, Virgen María,

los piropos de un pueblo enaltecido

cuando conmigo griten, Madre mía:

 

 

¡Viva María Inmaculada!

¡Viva la Purísima Concepción!

¡Viva la Patrona de Torrejoncillo!

¡Viva nuestra Madre!