Dña. Francisca Martín

 

1999 Dª FRANCISCA MARTIN 

¡María!

¡María Inmaculada!

¡María Santísima!

¡Purísima Concepción!

¡Reina de los Ángeles!

¡Patrona de Torrejoncillo!

¿De cuántas formas te llamamos Señora?

¿De cuántos y tantos nombres Te podemos llamar Virgen Santa?

¡No se podrían contar…! 

Pero yo, en esta ocasión, voy a permitirme el lujo y el privilegio de llamarte “Madre”, “Madre”, ¡Qué palabra más sencilla!, pero a la vez, tan inmensamente grande… ¿Será, que es una palabra, que hace ya, tantos años, no he vuelto a pronunciar, para llamar a mi madre aquí en la tierra? Pero tengo la seguridad que al decírtelo a Ti, sois dos madres las que me estáis escuchando. Porque no tengo dudas que la tendrás cerca de Ti, gozando contigo de la Gloria. 

Por eso te digo…

Mi querida y adorada Madre. He tenido el honor y la alegría, de ser yo, quien en este día Te haga esta ofrenda, sencilla, pero poniendo en ella todo mi amor, en nombre de todas tus hijas, las que están aquí y las que no han podido venir, aunque estoy segura que lo están con el pensamiento. 

Vengo con todo mi amor, para pedirte por tantas cosas… Tú, que eres la Madre de Dios, que te eligió a Ti  - Pura y Hermosa Reina – entre todas las demás mujeres como Madre, para que fueras la Madre de todos nosotros, la Madre por excelencia y la Madre de todas las Madres.

Intercesora ante Tu Hijo Jesús, para colmarnos de favores a todas nuestras necesidades y peticiones. 

Soy madre también, y sé cómo se escucha a un hijo, ¿Qué no harás Tú, Dulce y Tierna Madre, que eres la Madre Celestial?

Por eso te pido, que nos ilumines, para educar a nuestros hijos en la Fe, en el camino verdadero. Que no desfallezcamos nunca, cuando las cosas no salen como nosotras quisiéramos y nos des la fuerza suficiente para poder seguir adelante. 

Te voy a pedir también, por los que gobiernan las naciones, para que hagan lo necesario y cesen las guerras entre los países que las están sufriendo, para que Tú, con tu infinita dulzura, ayudes a esos hijos tuyos, que están viviendo en esas condiciones inhumanas, padeciendo hambre, miseria y enfermedades, sin los medios más indispensables y mitigarles un poco su dolor, en esa vida tan difícil que les ha tocado vivir. 

Ayúdales Madre, pues también son hermanos nuestros.

Te pido por los ancianos que ya lo dieron todo, por los enfermos, por los que viven en soledad, por los que sufren, por los que no tienen trabajo, por los jóvenes que empiezan… Por todos Madre, porque todos Te necesitamos. 

Y sobre todo Te pido perdón. Perdónanos Madre mía, porque siendo hijos Tuyos y teniendo Tus favores, siendo hijos de este pueblo, que tiene el privilegio de estar, -o nos consideramos estar tan cerca de Ti siempre- muchas veces lo olvidamos y no nos comportamos tan bien como debiéramos. 

Somos hijos ingratos al olvidarnos de esto, pero Tú con Tu infinita bondad, siempre nos perdonas.

Ahora quiero agradecerte… Te agradezco tantos y tantos favores, como me has concedido, siempre que he recurrido a Ti, me has escuchado. 

Quiero agradecerte, haber formado un hogar, tener unos hijos… Como tantas familias de este tu pueblo, una familia que quiere paz para todos y que pretendemos vivir cristianamente, pues tenemos Tu ejemplo a imitar… Tu familia de Nazaret, donde fuiste Buena Esposa y Santa Madre. Tenemos un hogar normal, con los problemas de cada día pero sabiendo que con Tu ayuda y amor siempre nos tiendes la mano, para sacarnos de los apuros.

 Te agradezco, el estar aquí en estos momentos, a Tus plantas, en Tu templo, para decirte, todas estas cosas… Sabiendo que mis palabras, nunca alcanzarán a expresar mis sentimientos, aunque Tú sí los conoces.

Pero en este momento venimos a ofrecerte, todas Tus Hijas, desde la más tierna edad, niñas, jóvenes y las que no somos ya tan jóvenes, todas, te ofrecemos nuestro amor en estas flores, estos ramos de flores, que me recuerdan, aquellas otras flores, que cuando era niña, siendo Hija de María, te cantábamos en el mes de Mayo, y no se olvidan nunca. 

¡Más banca que los lirios

más fulgida que el sol.

Así es, mi hermosa Reina

así es mi Dulce Amor.

Cantadle flores y aves

mil canciones de amor

que en sus rientes ojos

se mira el mismo Dios! 

Por eso te ruego Madre, aceptes estas flores, pues yo sé, que con ellas, cada una de nosotras, te ofrecemos nuestras alegrías y nuestras penas, súplicas, plegarias, peticiones, gratitud. Y las que no traen flores en las manos, las traen en el corazón, pero con el mismo propósito. 

Ya Madre mía, cercana tu fiesta de “La Encamisá”, en la que todo este pueblo, Te grita, Te aclama, Te venera, Te canta, porque es todo el pueblo, son hombres, mujeres, niños… Porque los niños desde muy niños, lo ven y lo viven, y lo sienten, porque lo heredan, igual que nosotros lo heredamos antes. 

Todos te gritan lo que llevamos dentro, acumulado y escondido en lo más profundo de nuestro corazón, pero que esa noche, nuestro corazón ya no puede más y se desborda y pugnan por salir de nuestros labios, todas esas manifestaciones de amor, convertidas y transformadas en vivas, aclamaciones y alabanzas a Ti, que eres La Madre Virgen, Pura e Inmaculada.

Y te cantan… Paloma blanca, Iris, Sol refulgente, Luna, Estrella magna… 

¡Pues concebida fuiste sin mancha

Ave María llena de gracia! 

Y te gritan, hasta romper sus gargantas, para decirte “Madre… Te queremos” 

Por eso, en este día, y como prólogo a Tu fiesta, la fiesta más grande de todas las fiestas y como Torrejoncillana que soy… yo también Te grito:

 

¡VIVA MARÍA SANTÍSIMA!

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA PATRONA DE TORREJONCILLO!

¡VIVA NUESTRA MADRE!